Aunque no puso en peligro la eliminatoria como en años anteriores, el Real Madrid no dio la talla en Murcia
27 oct 2010 . Actualizado a las 03:55 h.A estas alturas, el vestuario madridista ya sabe que, ante amenaza de castigo, Mourinho es un hombre de palabra. Y Murcia era el peaje obligatorio que permitía continuar con la confianza del técnico en la Liga. El empate sin goles final indica que el equipo, pseudotitular, no cumplió su parte.
Con la espada de Damocles del entrenador sobre sus cabezas, los futbolistas blancos salieron aparentemente mentalizados al césped de La Condomina, como dispuestos a enmendar la plana a generaciones anteriores de sufridores merengues.
Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones iniciales, traducidas en múltiples ocasiones de Cristiano, Granero, Canales y Pedro León (todas, por cierto, desde fuera del área y con poca fortuna), la situación fue degenerando para los intereses del equipo grande.
El Murcia se defendía con todo y, en un momento de desorden, Cañadas dispuso de una doble ocasión de armar un contragolpe. En ambos casos se quedó a medias. Iban veinte minutos de juego. Desabrochado el corsé táctico inicial, el partido ganó en intensidad, pero de la mala. Hubo episodios de violencia y, en ellos, Cristiano Ronaldo parecía el más afectado por el resultado provisional del choque, que no de la eliminatoria.
A medida que avanzaba la primera parte, el Murcia-Real Madrid se asemejaba demasiado a otras eliminatorias de Copa de años anteriores, todas de infausto recuerdo. Se notaba en el rictus de Mourinho y en la preocupación de algunos jugadores. Otros permanecían sumidos en la indolencia o en la ineptitud.
Superada la media hora, las ocasiones más claras del equipo visitante, firmadas desde media distancia por Pedro León, Granero (al larguero) y Benzema (gol ilegal por fuera de juego). El equipo blanco había perdido el fútbol combinativo que apuntaba pocos días antes. El Murcia, la ambición. Albiol se encargó de recordarlo en el minuto cuarenta y cinco. Erró.
El Murcia, agazapado
Esta vez, el tirón de orejas (si lo hubo) del descanso no surtió efecto y el Real Madrid regresó igualmente desordenado, pero jugando a arreones. De ese modo, solo conseguía pisar área, pero sin peligro real. El Murcia (entrenado por Alonso, el mismo que dirigía al Real Unión que había apeado al Madrid con un tres a dos) continuaba sin méritos ni tan siquiera para el empate, que todavía conservaba.
Temerosos de la mano justiciera de Mourinho, los madridistas apretaron los dientes, aunque no encontraron fútbol ni goles. Al portugués se le acabó la paciencia a falta de media hora. Entraron Khedira e Higuaín por Granero y Benzema. Cristiano Ronaldo solo aguantó diez minutos más sobre el césped. Justo cuando creó, a balón parado, la ocasión más clara del partido, que falló a segundas dadas Pedro León. La entrada de Di María ensanchó el campo y dio alas al equipo. El Murcia dio marcha atrás hasta el límite. Dani Hernández se hizo el héroe.
Tras el pitido final, todo es relativo. Tal y como venía, el Real Madrid afeó la buena imagen que tanto tardó en construir. Sin embargo, las pesadillas anuales de Alcorcón (cuatro a cero) e Irún, casi hacen de la de ayer una noche de ensueño. Con un simple empate a cero.