«Desde hace tiempo sabía que este gol llegaría. Ahora no es un objetivo el 45, sino seguir jugando, porque pienso marcar más». El Guaje entró a patadas en la historia del equipo de moda. Con cada remate acertado, desde aquel que encajó Eslovaquia en Bratislava hace casi cinco años, Villa iba dejando atrás rivales en su carrera por convertirse en máximo goleador de la selección.
Una marcha imparable con varias víctimas de postín, entre el eslovaco Contofalsky y el escocés McGregor. El delantero del Barça ha sumado dianas fundamentales, como las que dieron a España el pase a cuartos del Mundial de Sudáfrica frente a Portugal, o el acceso a las semifinales del torneo ante Paraguay. Porteros de la talla de Buffon han encajado tantos con su firma.
Todo empezó en el minuto 71 de un choque de repesca para la cita planetaria de Alemania 2006. David Villa pisó el césped del estadio Tehelne Pole para suplir a un romo Fernando Torres y en diez minutos acertó con la red, haciendo bueno un pase de Morientes. El gol no pareció dejar huella en aquel otoño eslovaco (la selección de Aragonés ya había decidido el cruce con un 5-1 en casa), pero ha acabado convertido en el primer paso de un registro memorable.
Una marca redondeada en dos mundiales, una Eurocopa, una Copa Confederaciones y un buen puñado de encuentros amistosos y fases de clasificación. Jalonada de dobletes y hasta un hat trick frente a Azerbaiyán.
Elogios de Del Bosque
Del Bosque fue el primero en reconocer la proeza y ayer destacó que su pupilo «es un goleador intermitente, pero por momentos eficaz. Lleva una trayectoria envidiable». «Juega para él pero también para el equipo», resumió el técnico,
A mitad del camino hacia el récord (llevaba entonces 25 dianas), el asturiano analizó sus posibilidades de éxito: «Sería fantástico lograrlo y ver mi nombre en la cima de una lista de goleadores que otro joven jugador intentase alcanzar». El Guaje ya puede sentarse a esperar al aspirante. Aunque nada hace pensar que vaya a hacerlo.