Hay síndrome de penaltis

DEPORTES

U na vez acomodado en el café, el paisano comentó sonriendo: «Hay síndrome de penaltis». Y prosiguió hablando al darse cuenta de que le escuchábamos con atención. «Sí, estoy convencido que los árbitros sufren un síndrome de penaltis... No hay más que ver el que le pitaron al Espanyol, en el Bernabéu, y uno de los dos, en Riazor... Con el reglamento en la mano, no se pita ninguno...». Nuestro amigo no pudo seguir con su parlamento porque, de uno y otro lado, le discutieron su comentario.

«¿Fueron, o no, las manos al balón en los casos del Madrid, y del Dépor frente al Getafe?». Llegados aquí volvió la polémica, polémica amistosa es verdad, pero sin acuerdo final. En la tertulia se siguió hablando de fútbol, del Madrid de Mourinho... ¡y otra vez a vueltas con los penaltis!

Ya fuera del café, camino de casa, el paisano insistió explicándome que, en una barrera, es normal que los futbolistas se coloquen protegiéndose con las manos los testículos, evitando un posible balonazo. Y si el balón se va a esa parte del cuerpo y pega contra las manos, el árbitro no debe pitar penalti. Igual sucede con las manos delante del rostro, protegiéndose los ojos, nariz, etc. Este fue el caso de Luis García, jugador del Espanyol y, sin embargo, el árbitro señaló el penalti que aprovechó Cristiano para abrir al Madrid el camino del 3-0 final.

Quizá convenga aclarar que las manos, haciendo de protección, deben colocarse siempre con las palmas pegadas al cuerpo, sin intención de rechazar el balón.