Otra final sin margen de error


monza/colpisa.

«Podemos», soltó cual proclama futbolera Fernando Alonso en Bélgica, convencido de la fuerza tribal de su casa madre.

«Podemos», recogió tímido Felipe Massa, reducido a un papel secundario. «Podemos», admitió al fin Stéfano Domenicali, el primer escalón de Ferrari. «Podemos», han asumido todos en la guarida del cavallino rampante , pero aceptando que el objetivo esconde muchas trampas y que la empresa parece inviable de puertas hacia fuera. Es la segunda final de Alonso en este otoño de fórmula 1, esta vez sin margen para el error. Cualquier fallo equivale a la guillotina 2010.

Los pilotos adoran Monza, el circuito más rápido de la fórmula 1. Los dígitos sobrepasan los 360 kilómetros por hora en una pista con forma de bota y que alberga el menor número de curvas del mundial (ocho). Gas a fondo en el caótico parque de la caótica Monza. La teoría, tan inservible para los pronósticos en la fórmula 1, alimenta esperanzas para Ferrari, cuyos coches se han mostrado fiables en trazados rápidos esta temporada gracias al sistema aerodinámico del conducto F.

Será la última cita en Europa antes de embarcar el gran circo hacia la colonización de otras tierras, particularmente Asia, el continente estrella para Bernie Ecclestone. Vienen de una sentada Singapur, Japón y Corea, antes del doble cruce trasatlántico de Brasil y Abu Dabi. «Es obvio que la carrera es muy importante para nosotros. Y tendremos mucha presión», cuenta Domenicali, vecino de Monza.

«Espero que mi regalo para los tifosi sea una victoria en casa», comenta Alonso, imbuido de un inusual optimismo que se ha acrecentado desde que corre para Ferrari. Ya ganó en Monza hace tres años con la carcasa de McLaren. En Italia insisten en que el asturiano ha cometido muchos errores esta temporada. Para la prensa del país, el coche nunca falla. Son los pilotos. Igual que para la prensa española en su versión patriótica: el monoplaza no está a la altura del piloto. Cuestión de óptica. «Si Fernando ha fallado en alguna ocasión es porque quiere demostrar que puede conseguir muchos éxitos con el mono de Ferrari», templa Domenicali.

Hamilton y Red Bull

Ajenos a esta refriega se encuentran los líderes del mundial. El primer conductor en la lista, Lewis Hamilton, y el mejor coche del certamen, el Red Bull. «Nuestro ritmo en Bélgica fue realmente bueno y no veo motivo para que no suceda lo mismo en Italia», argumenta Hamilton. En el otro extremo navega Red Bull, casi imbatible los sábados en la clasificación, pero blando los domingos (solo ha convertido su dominio en seis victorias). Cuatro de esos triunfos pertenecen a Webber, el segundo plato del equipo y el mejor colocado para ganar el campeonato. «Debemos dar otro paso para hacer frente a la oposición», dice el australiano.

Su jefe, Chris Horner, que se decantó por Sebastian Vettel tras el doble accidente de Turquía, dedica consejos al fogoso cachorro alemán. «Vettel tiene que conservar la calma y centrarse en su camino sin preocuparse de nada más». En Monza logró el germano su primer triunfo en la fórmula 1 con un Toro Rosso.

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