«La clave en Catí es dosificarse»

Mariluz Ferreiro REDACCIÓN/LA VOZ.

DEPORTES

El gallego Gustavo César Veloso desgrana las claves de la cumbre de hoy, en la que consiguió imponerse el año pasado superando a Marzano

04 sep 2010 . Actualizado a las 03:20 h.

Se daba por muerto. Pero cuando nadie lo esperaba apareció Gustavo César Veloso. Parecía haber surgido de la nada. Un resucitado en las rampas de Xorret de Catí. Un funambulista en el muro. Un prodigioso ejercicio de cálculo. El gallego remontó, devoró a sus rivales, coronó la cima y afrontó con tranquilidad los dos kilómetros de descenso y falso llano hasta la meta. Así llegó el triunfo del Xacobeo en la pasada Vuelta.

Veloso recuerda que gran parte del recorrido de los 190 kilómetros que el pelotón recorrerá hoy entre Villena y Xorret de Catí es calcado al trazado del 2009. «Es una etapa muy parecida, en la que se vuelven a subir también los puertos de Tudóns, Torremanzamas y la Carrasqueta. Habrá muchos metros de desnivel», comenta. Cree que se repetirá la historia de la pasada edición. «También creo habrá una fuga larga, puede que de salida. El año pasado a nosotros nos dejaron coger siete minutos y luego eso es difícil de recortar, aunque todo depende de cómo se organice la guerra por atrás», dice.

Pero nadie debe darse por vencido o por ganador antes de la última ascensión. Xorret de Catí. Solo cuatro kilómetros, pero envenenados, con un desnivel medio del 11,56% y una pendiente máxima de 22%. «El puerto es tan corto y duro que es diferente. Hay que abordarlo como una cronoescalada, es clave la dosificación. No solo conocer a los rivales, conocerte a ti mismo. Poner tu propio ritmo», explica el arousano.

Veloso asegura que la subida no perdona ni los excesos ni los titubeos. «Como mucho, puedes hacer uno o dos ataques, y solo en las partes fáciles, sobre todo en la parte inicial. No más. Y como revientes, te quedas parado», señala.

Indica que la diferencia de velocidad entre corredores es mínima. «Uno va a 12 kilómetros por hora y otro a 11,8. Lo de subir a rueda no es como en un puerto en el que te pones detrás del que a 25 y vas como si fueras a 24 como te tapan el viento», apunta.

El «juego psicológico»

Asegura que el año pasado él echó mano del «juego psicológico» para vencer. Primero, nunca perdió el contacto visual con los ciclistas que habían demarrado de entre los siete que formaban la escapada. «No los perdí nunca de vista. Veía el coche de la dirección de carrera, las motos, las cámaras... Yo no salía en la tele, pero estaba ahí, controlando la distancia. Lograron 40 segundos de ventaja, pero no soportaron el ritmo. Sobre todo se hundió Taaramae, que había salido como una exhalación y finalmente entró a ocho minutos», dice. Nunca habló con el estonio del tema, pero cree que el corredor sufrió una pájara. «No fue normal. Tuvo que poner pie a tierra. Igual calculó que eran pocos kilómetros de ascensión y no comió lo suficiente porque creía que no eran tan duros», apunta. «Cuando iba con Marzano, él intentó soltarme, pero no fue capaz. Y, justo cuando él sentó el culo, arranqué. Yo iba tan justo como él. Los dos muertos. Pero supe sufrir más», concluye.