Sobrado en el 1.000, corto en el 200

Xabi Otero PONTEVEDRA/LA VOZ.

DEPORTES

Cal venció en el control para el Mundial en la distancia larga, pero cayó con Oliveira en el de esprint

14 ago 2010 . Actualizado a las 03:24 h.

David Cal volvió a ser el gran campeón de siempre en el control de Verducido. Los que dudaban de su capacidad después de los discretos resultados firmados en la pasada primavera, para la que nunca se prepara, se quedaron boquiabiertos al verlo remar en su especialidad de los 1.000 metros.

El cuádruple medallista olímpico no dio ninguna opción al tudense José Luis Bouza y logró la plaza reservada para representar a España en el Campeonato del Mundo de Aguas Tranquilas que se celebrará la próxima semana en la localidad polaca de Poznan.

Bouza estaba preparado para luchar por el billete mundialista, pero se encontró con un David Cal intratable, pese a estar en un año del ciclo olímpico poco propicio para grandes alardes. Sin embargo, las palizas constantes de trabajo en Cervo a las órdenes de Suso Morlán dieron sus frutos. Y de que forma.

El cangués, que demostró tener las pilas completamente cargadas, ya sacaba dos barcos al tudense a los 200 metros. La suerte estaba echada, pero Bouza, otro portento físico, no se rindió y luchó hasta el final. Cal paró el crono en 3.56, con dos segundos de ventaja sobre su principal adversario.

Mala salida en el 200

La pelea en el C-1 200 fue otro cantar. La distancia no era nada propicia para el morracense, entre otras cosas porque apenas la tenía preparada, pero para más inri realizó una salida defectuosa. La canoa se le fue de lado y tuvo que enderezarla y eso le hizo perder un tiempo precioso.

André Oliveira, que a sus 20 años está llamado a dar muchas jornadas de gloria al piragüismo español, se lo hizo pagar muy caro. El de Pontecesures adquirió una renta de canoa y pico y remó como alma que lleva el diablo hacia la clasificación para Poznan.

Una décima de segundo

David Cal se repuso a lo campeón y palada a palada fue limando la diferencia, pero le faltó un palmo para revertir la situación. Es lo que tienen las distancias cortas. No hay margen de maniobra ante los errores, por pequeños que sean.

André Oliveira se impuso por una sola décima de segundo y luchará por engrandecer más su nombre en Polonia. De momento ya puede sentirse muy orgulloso de haber batido al mejor piragüista español de todos los tiempos.