El regreso del tejano al pelotón profesional puede acabar costándole caro. Su rendimiento deportivo estas dos temporadas ha sido sensacional. Un regreso que ha engrandecido tanto su leyenda como su cuenta corriente; porque a pesar de no cobrar sueldo del equipo -él es el dueño- y de regalar los premios a los compañeros, la rentabilidad para sus patrocinadores personales y para su fundación anticáncer ha sido incalculable. Pero a pesar de parecer un tío amable -nada que ver con el ogro de su época victoriosa- le han florecido los enemigos, precisamente ex compañeros resentidos. Ellos están removiendo los trapos sucios, algo que Lance no esperaba, porque como tantos otros campeones del pasado se sentía protegido por la ley del silencio que rige en el pelotón.
La bola de nieve que tiró montaña abajo Landis ha cogido velocidad y tamaño descomunales y ya hasta el NY Times lleva el culebrón a portada. En EE.?UU. es frecuente que se castigue más por mentir que por matar y si las acusaciones que se están lanzando quedan probadas, el imperio Armstrong caerá como las Torres Gemelas. Estoy seguro que a diferencia de tantos europeos -Bjarne Riis por ejemplo- no va a reconocer que recurrió al dopaje. Pero como la prensa yanqui siga a saco con el tema, mal panorama le espera al líder de victorias del Tour.