Estamos ante el Mundial de la euforia. La presencia de los seleccionados por Del Bosque ya fue coreada en todo momento con el grito de «¡campeones...!». Todos están convencidos de que volverán con la Copa del Mundo. A tal punto llega la euforia que la Federación Española fijó la prima a cada jugador por la conquista: 550.000 euros, y el doble para el seleccionador. Ante este derroche de euforia y dinero, parece obligado un toque de atención.
La euforia de los aficionados, que caen en un optimismo excesivo, se debe a la influencia que ejercen los medios en un tono triunfalista. Y lo del dinero lo analizaba muy bien Ernesto Sánchez Pombo, en La Voz de Galicia de ayer, en su artículo «Que otro gane el Mundial», refiriéndose a la astronómica prima. Llegado el caso, posible porque España puede alzarse con el título, alguien debería intervenir para controlar tal dispendio. ¿Saben que el fútbol prohíbe (?) a los Gobiernos de los países intervenir en asuntos concernientes al mundo del balón? Esto resulta increíble, pero así es según se desprende del comportamiento del Ministerio de Hacienda.
Vísperas del Mundial de la euforia. Nosotros, campeones, y en México, según noticias, están seguros de llegar a las semifinales. Bajemos la intensidad.