Más allá del talento

DEPORTES

Si un Mundial midiera el talento con precisión matemática, el palmarés habría sido distinto. Pero este torneo está lejos de ser un tubo de ensayo en un entorno esterilizado. Más bien es una olla hirviendo. Caldo gordo. La calidad de los jugadores. Su potencial físico. Las filias y las fobias del entrenador. El espíritu de equipo. Los errores arbitrales. El azar. O una lesión. Las selecciones entran en ebullición en cada partido y estos ingredientes se agitan, bailan hacia arriba y regresan al fondo. Aunque por lógica el talento tiende a asomar a la superficie, a flotar sobre todo lo demás, en ocasiones queda sumergido bajo la mala suerte, la decisión equivocada de un colegiado o un tobillo torcido. Ahí reside precisamente gran parte del encanto del Mundial. Y ahí se esconde gran parte del peligro para España.

La selección llega a la gran cita entre los favoritos indiscutibles por primera vez gracias a galones ganados en la batalla, los de la Eurocopa, y al talento, gusto por el juego y a la capacidad para jugarlo con gusto. Una de las amenazas es que, llegada esta hora, el desgaste comience a mutilar sin piedad la calidad. Combinados como el español o el inglés llegarán menos frescos que otros rivales de menor entidad que en sus clubes completaron cursos con exigencias y calendarios bastante más reducidos.

La selección de Vicente del Bosque bebe de la plantilla del Barcelona. El conjunto de Josep Guardiola ha disputado todos los partidos en siete de las últimas nueve competiciones que ha afrontado. Y cruzar las metas en esa carrera de obstáculos tiene sus peajes. Jugadores como Piqué, Puyol, Xavi e Iniesta, claves en ambos equipos, añadirían a sus agendas, en caso de que España alcanzara la final, siete partidos más.

El otro gran contribuyente en lo que a la selección se refiere, el Real Madrid, no ha llegado tan lejos en sus compromisos domésticos y europeos. Pero en las dos últimas temporadas ha mantenido un intenso y largo pulso por la Liga con el Barcelona, apurando el campeonato hasta su desenlace.

Un Mundial está marcado por sus estrellas. Pero también por sus ausencias. Holanda vive pendiente de Robben. Italia mira a Pirlo. Suiza teme por Frei. Y España busca la sonrisa de Iniesta.