Míchel tuvo como ídolo infantil a Mendieta, cuyo padre, por cierto, jugó en el Deportivo.
-En su puesto natural, la mediapunta, ¿quiénes han sido sus referentes futbolísticos?
-De pequeñito me fijaba mucho en Mendieta. Últimamente mi referencia ha sido Silva, con el que he tenido la suerte de coincidir dos temporadas en el Valencia. Para mí, Silva es un jugador magnífico, un as a seguir, hace el fútbol tremendamente fácil y yo he intentado aprender de él lo máximo posible, tanto esta temporada como la pasada.
-La época gloriosa de Mendieta lo pilló pequeñito?
-Exacto, yo entonces jugaba en infantiles. Como estaba en el Valencia, y me pasaba tiempo en la ciudad deportiva de Paterna, aprovechaba para pedirle autógrafos. Tengo grandes recuerdos de Gaizka, un gran jugador, para mí un espejo a seguir.
-Del Valencia lo «echaron» por bajito...
-Es famosa la anécdota. Es algo que le ha pasado antes a otros jugadores. Yo pegué el estirón tarde. No crecía, no crecía, era muy pequeñito?
-¿Cuánto medía?
-No sé, pero muy poquito. Incluso cuando le pegaba desde fuera del área tenía que elevar la pelota para chutar, porque con la fuerza que le daba no llegaba a portería. Ahí estaba yo con el pelo casco, como Mendieta, levantándola para que me llegase [risas].
-¿Imitaba hasta el peinado?
-Igual, igual. Todo. De Mendieta imitaba hasta el pelo casco. En el Valencia hablaron con mis padres. Me dijeron que lo mejor era irme cedido. Que me iban a vigilar, a tener en cuenta.
-Y volvió al pueblo?
-Me tuve que ir a Burjasot, que es mi casa, donde yo nací, el equipo donde empecé a jugar al fútbol, y donde ha jugado mi hermano toda su vida. De muy niño iba a verlo a los entrenamientos, y ya me dejaban darle unas patadas al balón.
-Y le fue muy bien?
-Jugué, jugué y jugué hasta llegar a Tercera, donde debuté siendo juvenil. Marqué bastantes goles, y fui el jugador revelación del campeonato. Volvió el Valencia a por mí y yo, claro, encantado de regresar. Estuve dos años en el filial y después cumplí el sueño de subir al primer equipo.