El Barcelona salda sus cuentas con la Euroliga

José M. Fernández REDACCIÓN/LA VOZ.

DEPORTES

Conquistó su segundo título tras aplastar en París, donde había perdido otras dos finales, al Olympiakos de Papaloukas

10 may 2010 . Actualizado a las 10:29 h.

El Barça reina en el baloncesto europeo, por derecho propio. Uno a uno, ha masacrado a todos sus rivales a lo largo de una Euroliga ejemplar. La final, el título, ha sido la consecuencia lógica de un equipo con mayúsculas, un conjunto en el que las estrellas son tan necesarias como los, supuestamente, actores secundarios. Ayer, el combinado de Xavi Pascual arrasó al Olympiakos con armas como la intimidación de Fran Vázquez en el tramo final del primer cuarto, la defensa de Sada sobre Papaloukas, los detalles de Morris y, eso sí, el mortífero lanzamiento exterior de un Navarro letal. De principio a fin, desde el primer minuto, y, salvando las diferencias, emulando la trayectoria de sus hermanos mayores del fútbol. Y es que a Xavi Pascual solo le queda conquistar la ACB para ganar todo lo que un equipo de baloncesto puede ganar en Europa en una temporada.

De paso, el Barcelona saldó una cuenta con la competición por la que más ha luchado en los últimos cuatro lustros. Siete finales después, el conjunto catalán ha sumado su segundo título, en París, en el mismo lugar en el que en 1991 la insolencia de los Kukoc y compañía cerró el paso a Epi, Solozábal o Sibilio; en la instalación en la que Vrankovic, en 1996, taponó ilegalmente el lanzamiento de Montero.

Nadie ha podido frenar a un Barcelona que redujo a cenizas al millonario proyecto griego. Solo el veterano Papaloukas supo qué hacer cuando el conjunto español se había construido una renta confortable en el primer cuarto, aunque, eso sí, después de seis minutos demoledores de Fran Vázquez: cuatro tapones, cuatro puntos, un rebote y dos asistencias. Así se fabricó el conjunto la primera renta importante (28-19, min 10), sin necesidad de que Ricky sacara lo mejor de sí mismo ni de que Lorbek se estrenara.

Con una voracidad extrema, el Barça redujo a la mínima expresión a Teodosic, elegido mejor jugador de la fase regular de la Euroliga, quien, como Kleiza, acabó desquiciado y peleado con todo el mundo. Papaloukas mantuvo al Olympiakos cuando el Barcelona, en el segundo cuarto, amenazó con reducir la final a veinte minutos. En ausencia de sus compañeros, el base griego cargó con su equipo, mantuvo la utópica esperanza de que el milagro era posible.

Hasta que apareció Sada para frenar la producción del base sobre el que el CSKA basó su poderío en los últimos años. Llegó vivo el Olympiakos al descanso (47-36), pero a costa de un esfuerzo sobrehumano y frente a un rival más fresco y decidido.

Un equipo de Giannakis podrá jugar mejor o peor, pero nunca se entrega. Apareció Beverley en el inicio del tercer cuarto para desquiciar a Ricky Rubio; los griegos apretaron las tuercas hasta reducir la renta a cinco puntos (52-47). Era el último esfuerzo. Sada y Navarro, MVP de la final, cortaron la reacción del Olympiakos.

El Barcelona vivió un tramo final inesperadamente tranquilo, saboreó cada balón de un título con mayúsculas, de una victoria por aplastamiento. De un triunfo ejemplar.