Xavi tendría que pasar el cepillo al final de cada partido con obligada contribución para todos los centrocampistas rivales. No hay encuentro, por muy mal que le vaya a su equipo, en el que el de Terrasa no ofrezca una lección magistral o al menos un par de detalles con los que amortizar el precio de la entrada. Ayer empezó pronto, con una asistencia a Messi para el 0-1 y un soberbio lanzamiento de falta con el que doblar la ventaja. El 0-3 de Bojan dejó resuelto antes del descanso el choque antiestrés al que ayer se sometió el Barça en Villarreal.
Después del fútbol de trinchera al que le condenó el Inter, los amplios espacios que ofreció el esquema del submarino amarillo fueron la perfecta terapia culé de cara al final de Liga. El presumible partido trampa acabó en todo menos eso y se convirtió en una sesión de baño y masaje con la que olvidar (si es que eso es posible) la tortura sufrida ante Mourinho y sus chicos.
Es justo mencionar que Nilmar contribuyó decisivamente al desahogo culé. Si el ariete brasileño de los locales hubiera marcado alguna de las dos clarísimas ocasiones de las que dispuso, todavía con empate a nada en el marcador, es probable que el vértigo hubiera aquejado a los de Guardiola. Pero el delantero tiró primero a la grada la involuntaria asistencia de Valdés, con el arquero fuera de la portería, y envió al mismo destino el mano a mano del que disfrutó poco después.
Gran gol de Messi
Demasiados regalos para un Barça necesitado. Demasiada libertad en la medular para un Xavi que giró sobre si mismo cuantas veces quiso hasta encontrar huecos como el que llevó el balón a pies de Messi. El argentino ni siquiera tuvo que frenar la bola, simplemente la acompañó con una media vuelta que lo dejó solo ante Diego López para abrir la cuenta a los 17 minutos.
Otro tanto hubo que esperar para el 0-2, de nuevo con Xavi como protagonista. Gonzalo frenó en falta a Pedro al borde del área local y la acción tuvo doble castigo. Amarilla para el defensa del Villarreal y chut salvando la barrera del 6 culé que el meta lucense acompañó con una estirada para la foto.
Los de Guardiola recuperaban la facilidad para marcar. Una mejora con cambio clave. El técnico del líder renunció ayer a su fe ciega en Ibrahimovic (una fe con muchos millones de euros como aliento) y entregó su plaza a Bojan. Doble efecto: Messi se reencontró con el gol sin una estatua sueca que sabotease sus carreras y el 11 disfrutó por fin de una oportunidad seria para reivindicarse.
Lo hizo con el tercero. Una genialidad con autopase incluido que habría firmado la propia Pulga y que dejaba liquidado el choque con la pelota en el tejado del Madrid. La entrega local tras el descanso apenas sirvió para atosigar a la zaga culé y para que el marcador de los de casa no acabara a cero.
La del 1-3 fue una jugada extraña, con Cazorla en el suelo y los propios futbolistas del submarino amarillo reclamando detener el partido. Pero ni siquiera hubo polémica, solo un último gol, otra vez de Messi, que recibió tras una pared de Alves con Xavi. Genio y figura.