Debe pensar Lotina que la proximidad a las plazas de Champions bien se merece que dé una nueva vuelta a su pizarra. Nada más terminar el partido del sábado, el entrenador deportivista ya deslizó sus intenciones de modificar su repetido esquema de dos mediocentros a un 4-3-2-1, con los habituales cuatro defensas, acompañados por tres futbolistas en el eje, dos mediapuntas y un delantero. Pretende así ahogar la sala de máquinas del Sevilla, desde donde nutre de balones a sus mortíferos jugadores de banda y, además, potenciar el papel de Guardado en un equipo necesitado de la mejor versión de todos sus jugadores.
El Dépor apenas ha manejado esta variante con continuidad esta temporada. Así jugó de inicio contra el Barcelona y el Athletic en Riazor, pero el cuerpo técnico la ha utilizado más en segundas partes, tras recolocar a sus jugadores como resultado de las sustituciones. El sábado, el 4-3-2-1 apenas duró los quince minutos que hubo entre la entrada de Juan Domínguez y la reaparición de Lassad, quien sustituyó a Guardado. Según destaca Ribera, el segundo de Lotina, «[el mexicano] en esa posición, con recorrido por delante, tiene poderío y lo aprovechó. Cuando hemos jugado así lo hemos metido ahí, porque es un jugador que defensivamente trabaja mucho y porque tiene potencia. Hay gente que a esta manera de jugar la llamará 4-3-2-1, otros 4-3-3, otros 4-5-1, dependerá un poco de las características del jugador que esté. Por ejemplo, si está Lassad, es más delantero que centrocampista, si está Juan Rodríguez es más centrocampista que delantero», abunda.
En cualquier caso, esta táctica no es nueva con el entrenador vasco. La pasada campaña se tornó en habitual durante un buen puñado de jornadas (en el Bernabéu, frente al Villarreal,...), como solución a la baja, precisamente, de Guardado por lesión. Verdú se ubicaba en ese costado izquierdo del triple pivote y Valerón formaba como mediapunta junto a Lafita, con Riki como referencia en ataque. El Dépor ha manejado esta variante táctica frente a equipos con más potencial en el centro que por las bandas, aunque en el caso del Sevilla será al revés. «Si, por poner un ejemplo, que ahora es menos, pero antes el Atlético de Madrid, en el que los dos mediocentros se encontraban muy solos, si tú tienes tres jugadores ahí, el equipo contrario a la hora de tener nosotros el balón tiene más problemas. Todo depende de si quieres pensar más en la defensa o el ataque», matiza Ribera.
Pero hay, al menos, otras dos razones por las que Lotina podría decantarse por cambiar la apariencia de su equipo. La primera, Guardado. «Si está jugando en un 4-2-3-1, se sitúa más pegado a la banda y más arriba, por lo que recibe el balón habitualmente de espaldas. Si está un poco más atrás y más centrado en el centro del campo, juega un poco más de frente y con mucho más campo por delante, con más espacio», argumenta el ayudante de Lotina acerca del rol del mexicano, quien marcó frente al Tenerife su tercer gol en Liga. Su nueva posición en el campo, y la apuesta explícita del técnico por hacer brillar las virtudes del futbolista llamado a marcar la diferencia sobre el campo, también tratarían de dotarle de un plus de motivación ante el nuevo horizonte deportivista: Europa.