Ocurrió en aquel tiempo en el que la afición llegó a creer que el Dépor jamás ascendería. De hecho, es el último mal recuerdo de ese período. La promoción contra el Tenerife en 1990 ahondó en el trauma de la afición coruñesa. De la ida, el Dépor se había traído un empate sin goles y una injusta amarilla a Raudnei, que no pudo jugar la vuelta, el 10 de junio de 1990 en Riazor.
El Dépor formó con Fernando; Cayetano, Martín Lasarte, Sredojevic, Sabín Bilbao; José Ramón, Aspiazu, Antonio, Fran; Gil y Stoyanov. En el bando rival destacaba la presencia de Manolo Hierro. El hermano de Fernando era persona non grata en Riazor, por su apellido, porque meses antes había sido expulsado en Riazor por una brutal patada a José Ramón en un partido de Copa y porque en la ida de la promoción había propinado un codazo a Stoyanov que el árbitro, Ramos Marcos, no quiso ver. Para la vuelta, Azkargorta, técnico del Tenerife, ideó un truco que funcionó. Lo reveló Eduardo, jugador chicharrero, hace unos días en la prensa de su ciudad. Hizo que Hierro saliese el primero a calentar, y con una ropa diferente al resto. Todos los silbidos se concentraron en él, desde ese momento y hasta el final, liberando al resto de jugadores de la presión de Riazor.
El partido se decidió en el minuto 13, cuando un centro de Ferrer, cedido por el Barça y que en la ida había maniatado a Fran, fue cabeceado por Eduardo. El cuero dio en el larguero, en la espalda de Fernando y entró. La presión del reto minimizó a los coruñeses, tanto que la mejor ocasión local fue un cabezazo del pequeño Aspiazu. El desenlace fue el mismo que años después en la eliminatoria de semifinales contra el Oporto, 0-0 en la ida y 0-1 en la vuelta.
En su biografía, Fran apunta que aquella «no era una plantilla para ascender, nos sorprendió llegar tan lejos, bastante hicimos».