Guardado volvió a sonreír en Valencia. Se adelantó a su marcador y remató a la red una jugada en la que Juan Rodríguez controló con maestría para sacarse un magnífico pase de la muerte tras el saque de banda de Laure. El gol se convirtió en el de su estreno en la Copa, pues desde su llegada en el verano del 2007 aún no había logrado marcar en este torneo, y sirvió para que el Dépor cerrarse un período de sequía anotadora que duraba 243 minutos, es decir, el tramo final del partido contra el Almería (1-1), las dos últimas jornadas de Liga (con sendos 0-0) y los 47 minutos que el mexicano tardó en perforar la portería de Moyá.
El tanto también es el segundo del mexicano en apenas mes y medio, pues el 21 de noviembre ya había festejado el del triunfo contra el Atlético en Riazor (2-1). Fue desde los once metros, tras un penalti cometido sobre Lopo en los instantes finales. En realidad, este había servido para que cerrase su nefasta racha, pues hasta ese momento llevaba nueve meses sin marcar con la camiseta blanquiazul. El último había que buscarlo la temporada pasada, cuando firmó el tercero contra el Feyenoord (3-0) en la Copa de la UEFA.
Así, tras una época en la que parecía prácticamente negado cara a la portería contraria, esta campaña parece haber cambiado la suerte. A sus dos goles como deportivista en el último mes y medio se suma el que había hecho con su selección el pasado 6 de septiembre, en el triunfo de México sobre Costa Rica por 0-3.
Guardado siempre quitó importancia a su falta de acierto y prefirió centrar su fútbol en la brega y el trabajo de destrucción. Devoró kilómetros durante los partidos y no le importó alejarse de la portería rival para incrustarse en el mediocentro. Una posición en la que estrenó de la mano del seleccionador mexicano, Javier Aguirre, y que no dudó en sugerir a Lotina.
Ayer de nuevo en la izquierda, la posición que lo llevó a dar el salto al fútbol europeo, sus últimos goles parecen devolverlo a sus cifras habituales. En la temporada de su debut marcó cinco en 26 partidos. Fue su mejor marca, pues al año siguiente se quedó en dos tras 29 citas.
Las lesiones jugaron entonces en su contra. En sus dos primeras temporadas en A Coruña se perdió muchos partidos a causa de problemas físicos. En la tercera, con el Mundial en el horizonte, parece más prevenido. No dudó en pedir descanso en la penúltima jornada antes de las vacaciones navideñas, en la visita al Almería, para recuperarse de unas molestias musculares tras su esfuerzo contra el Barcelona. Indiscutible en los planes de Lotina, el tiempo parece darle la razón y Guardado recupera ese olfato que da brillo a su brega sobre el campo.