Real Cristiano Ronaldo CF

DEPORTES

Al ajustarse la camiseta número 9, el escudo del Real Madrid queda perfectamente situado sobre el corazón de Cristiano Ronaldo. Pero la relación club-jugador parece no trascender más allá de lo contractual por parte del portugués. El escudo madridista tiene para él el mismo significado afectivo que cualquier logo de las múltiples marcas que patrocina, algo que, por otro lado, entronca a la perfección con la filosofía instaurada por Florentino Pérez.

Solo así se entiende que Ronaldo se quedase tan petrificado como un jugador del Almería ante el gol de Benzema, ese con el que el francés confirmaba la remontada ante los andaluces. Pero el portugués no lo consideró un acto de celebración porque él había errado el penalti que originó el rechace aprovechado por su compañero.

Quizá ahora comienzan a pesar sobre su conciencia los 94 millones de euros que el Real Madrid pagó por sus servicios, una cifra que el propio CR9 llegó a considerar «justa». Pero acciones como las del sábado en el Bernabéu convierten la indignante suma en un sacrilegio todavía mayor. Además del gesto desgarbado de no celebrar el gol de la victoria (luego cambiaría de actitud con el 4-2, obra suya que festejó como en una final continental), Cristiano Ronaldo se ganó una innecesaria cartulina amarilla por exhibir su musculado cuerpo que, unida a su visceral reacción con una patada a un contrario, le impedirá jugar el próximo partido contra el Valencia. Y todo ello después de que sus compañeros y el entrenador se pasasen casi dos meses arrancando hojas del calendario anhelando la recuperación del jugador que costó 94 millones de euros. Pero Ronaldo comienza a responder con detalles de futbolista de saldo. En la afición blanca no ha sentado nada bien su distanciamiento en la celebración del gol de Benzema, como si el portugués formase un equipo propio aunque con el escudo del Real Madrid. Y no hay más explicación que el egoísmo de un megacrac.

Este lado oscuro al que el jugador portugués se refiere con un eufemismo («Soy humano», se defendió ayer), no es un arrebato circunstancial, ni provocado por una presunta inadaptación a la capital de España. Ronaldo sigue siendo fiel a su excelencia futbolística pero también a sus episodios más polémicos y extravagantes. Lejos de la discreción con que se mueve Messi, Cristiano ha sido capaz de acaparar todas las portadas accidentado su ostentoso Ferrari en un túnel de Manchester.

Responder con escupitajos

Dentro del campo, los gestos antideportivos también forman parte de su modus operandi . Bien lo sabe Robbie Savage, un jugador del Derby County que recibió un escupitajo de Ronaldo en un partido de Copa. Su entrenador Alex Fergusson, lejos de condenar el comportamiento de su futbolista, lo justificó «como consecuencia de la dureza con que Ronaldo es tratado en los partidos». Pero nadie imagina a Messi revolviéndose con estas malas artes contra sus múltiples y pegajosos defensores.

Por eso CR9 no arrastra buena prensa. Durante su etapa en el Manchester, el diario The Sun pidió a los lectores que eligiesen al futbolista más odiado. De los 2.600 participantes, casi la mitad optó por Cristiano Ronaldo «por su arrogancia», así como por la continua simulación de caídas en el área, como se comprobó el pasado sábado ante el Almería. La ostentación en su vida pública tampoco ha sido bien encajada. Y, a mayores, los aficionados ingleses no le perdonan que convenciera al árbitro para expulsar a Rooney en un partido del Mundial de Alemania 2006. Después guiñó el ojo al banquillo portugués como reconocimiento de que la expulsión del inglés no era precisamente justa.