Al Dépor le falló contra el Barça lo que Joaquín Caparrós denomina «el otro fútbol». Fue muy inferior en fútbol, a secas, pero la derrota se desencadenó en gran parte por una falta de picardía, por no saber jugar a «el otro fútbol», el de los pequeños detalles que en muchas ocasiones deciden un choque. Lopo, curtido a lo largo de 275 partidos en Primera, lo sabe bien, y por eso abroncó al joven (23 años) Guardado tras el 1-2, gol que el mexicano vio desde fuera del campo porque estaba siendo atendido en la banda. Por esa zona, aprovechando la ausencia del interior blanquiazul, llegó el tanto decisivo de Messi.
Los jugadores y el técnico deportivista consideraron clave esa jugada del 1-2, que cayó en el minuto 80. «Llegó cuando más controlados los teníamos», aseguró Aranzubia. El Barça no había creado ocasiones, tapado por el despliegue ofensivo blanquiazul, pero supo aprovechar su superioridad numérica provisional. Esta se originó en una acción en la banda entre Alves y Guardado. El público (y con más intensidad el que más lo vio más cerca, el de Preferencia Inferior) reclamó falta del brasileño sobre el mexicano. El árbitro, que según reconoció Manuel Pablo permitió el contacto a los dos equipos por igual, no señaló infracción de Alves; pitó saque de banda favorable al Barcelona. Guardado se quedó tendido. No dentro del campo, como mandan los cánones del otro fútbol, sino fuera.
Jugada clave
Así que el juego se reanuda sin el mexicano, y con la posesión para los culés, que elaboran una jugada larga, moviendo el balón de banda a banda. Finalmente llega a la derecha, en la que están en superioridad. Debido a la ausencia de Guardado, Filipe tapa en solitario esa orilla. Es cierto que Juca se coloca en el extremo izquierdo de la segunda línea de cuatro, con el objetivo de echar una mano al brasileño, pero está más pendiente de cortar el pase interior de Busquets que de evitar que la envíe a la banda. Sergi abre para Alves, que llega solo al pico del área. Filipe sale a tapar a su compatriota, pero no llega a tiempo, y el brasileño pasa el balón a Pedrito, que se interna en el área libre de marca. Lopo, que sigue atento la jugada, opta por descuidar la zona central y correr hacia el canario, pero este centra con rapidez hacia Messi.
El argentino irrumpe desde fuera del área, colándose entre Sergio y Juan Rodríguez, que no lo siguen, y remata de cabeza casi desde el punto de penalti, la zona que Lopo tendría que haber ocupado si no llega a verse obligado a salir a la ayuda defensiva en la banda.
A Filipe le hacen un dos contra uno, y es desbordado. Es un tanto en el que, como ocurre en los partidos de balonmano, un equipo saca provecho de la superioridad numérica provisional. «¿Qué hubiese ocurrido si Guardado llega a estar en el campo?», se le preguntó a Manuel Pablo tras el partido. «Podríamos haber estado más listos», afirmó. Se supone que se refería a Guardado.
Si el mexicano llega a ser atendido en los límites del campo, el juego se habría reanudado cuando él se hubiese recuperado. Y el Barça no gozaría de esa superioridad. Cuando se fue el partido estaba igualado. Cuando volvió, tras el gol, el choque ya estaba sentenciado. Lopo, tirando de galones, se lo recriminó tras ese tanto. El catalán sí estuvo a las órdenes de Caparrós, el de «el otro fútbol», pero el mexicano no llegó a coincidir con él.