Los interrogantes de Lassad

DEPORTES

A Lassad aún le dolía ayer la pierna izquierda, la misma que se sujetaba con gesto serio cuando tuvo que retirarse del partido contra el Racing. Quizá el delantero reviviese las imágenes de su debut con Túnez a principios de junio, zanjado de forma abrupta por otro pinchazo, este en la derecha. En ambos casos se afectaron sus isquiotibiales, esos músculos de la parte posterior del muslo que tiene más cortos que los cuádriceps. Una herencia genética de la que no puede huir, pero que no es un defecto ni un problema incompatible con la práctica deportiva.

«Se trata de su punto débil», repiten los galenos después de cada dolencia del deportivista, aquejado de constantes sobrecargas en esa zona desde que viste la camiseta blanquiazul. Su brillante debut en febrero pasado en la Primera División le exige su mejor versión y el jugador, dotado de una exquisita técnica y un físico francamente mejorable, aguantó hasta mayo.

Procedente del Fabril y sin experiencia alguna en la alta competición, Lotina y sus ayudantes lo fueron dosificando con una hora de juego los domingos y entrenamientos semanales a medio gas para liderar el ataque de su equipo. Entonces, con la permanencia requeteasegurada, pero el acceso a Europa complicado, el entrenador le mandó parar, al tiempo que comenzaba a prepararle una pretemporada a la carta.

Y es que este verano, el cuerpo técnico se empeñó en su reconstrucción. Pergeñó una preparación a su medida y le diseñó un completo plan de entrenamientos, que zanjarían sus déficits estructurales y, de paso, le permitirían competir. Ahora se pasa entre dos y tres horas más que sus compañeros en Abegondo, pues a la sesión grupal se añade trabajo específico de gimnasio y fisioterapia con el fin de apuntalar su estado físico y, de paso, prevenir lesiones. «De repente no se puede convertir en indestructible», insiste Eduardo Domínguez, que se esfuerza por minimizar los riesgos que corre el futbolista.

Lo cierto es que Lassad llegó a tomar parte en siete de los nueve primeros partidos de Liga, pero solo disputó uno completo y se pasó entre algodones buena parte del último parón liguero, cuando una gripe volvió a destapar sus problemas musculares. Fue baja en Getafe, recuperó destellos de su mejor fútbol contra el Atlético de Madrid, pero tuvo que retirarse a los 37 minutos en Santander y ahora se teme que sufra una rotura muscular. Hoy mismo se le practicará una resonancia y su período de recuperación estará en función de los centímetros de la lesión. Un contratiempo que le podría llegar a privar de la Copa de África, para la que se clasificó con su selección.

Cuentan que su alimentación era un problema en la residencia del Liceo, donde vivió a su llegada a A Coruña. No sabía cocinar y la comida en un bar cercano se convirtió durante meses en su principal sustento. Le bastó para ser el mejor del Fabril y llamar la atención del primer equipo.

El cuerpo técnico controla ahora su dieta y hasta aseguran que desde que se casó ha ganado peso. Ni siquiera su condición de musulmán (no puede comer cerdo) lo priva de las mismas proteínas y nutrientes que al resto de la plantilla. «Sabemos que hay determinados alimentos que no puede tomar y que en el ramadán no puede comer hasta la noche, pero eso es una cuestión de horario, no de déficit en su alimentación», sostiene el médico Carlos Lariño. Pero Lassad vuelve al infierno.