Usain, el hombre más rápido de la tierra, acapara el protagonismo en un Mundial que arranca hoy y que estará marcado por su duelo con Gay
15 ago 2009 . Actualizado a las 02:26 h.Arranca el Mundial de Berlín, pero parece que solo corre Bolt. Que detrás de Usain no hay nada. Sus inmensos 196 centímetros y sobre todo sus gestas en el Nido de Pekín lo eclipsan todo. Incluido Tyson Gay, el estadounidense que defiende su triple corona mundial en la velocidad conseguida en Osaka hace dos años, en donde dejó con la plata en el 200 y en el relevo corto al jamaicano, y que llega a Alemania con la mejor marca mundial del año. Pero el Mundial es Usain. El mesías que necesitaba el atletismo para volver al primer plano.
A sus 22 años, Bolt se ha convertido en un mito con un recorrido inmenso por delante y con una carrera de leyenda como aval. Tiene tres récords mundiales (100, 200 metros y el relevo 4x100) y otras tantas medallas de oro olímpicas, en sus ocho primeras carreras en el hectómetro pulverizó dos veces la plusmarca universal, y lo hizo con una pésima salida y con un final para la galería, pero también con una demoledora aceleración y una portentosa zancada que lo llevan a correr por encima de los 40 kilómetros por hora en el momento culminante.
El vuelo de Bolt ha puesto en duda los límites del cuerpo humano. Firmó mirando al tendido un récord de 9.69 en Pekín, pero su entrenador situó su frontera en los 9.55. En Berlín, si el frío verano centroeuropeo lo permite, la plusmarca podría rondar unos 9.60 impensables en los tiempos de Carl Lewis y del tramposo Ben Johnson.
Además de volar, Bolt también ha acercado el atletismo al gran público. Su carácter extrovertido y su puesta en escena lo convierten en un ídolo de masas.
Demasiados factores para que alguien piense que Tyson Gay puede darle el susto de su vida. El americano no estuvo en la final de Pekín al resentirse de una lesión. Sin su presencia le allanó al camino por completo hacia el triunfo, porque una de las pocas incógnitas que quedan por despejar sobre el tartán azul del mítico estadio que encumbró a Jessie Owens es conocer cómo responderá Bolt a la presión. Es el único favorito, pero en la calle adyacente estará el mejor competidor que ha dado la velocidad estadounidense en los últimos tiempos. Gay, que lleva dos semanas viviendo en Alemania como período de adaptación, ha ido calentando el ambiente en los últimos meses. Desterrando los tiempos de la guerra fría. «Siento que no me habré demostrado lo que puedo hacer hasta que bata el récord del mundo. Lo tengo en mente. Puedo hacerlo», proclamó el cohete de Kentucky pocas horas antes de colocarse en los tacos en las primeras series eliminatorias de esta mañana (11.40 horas) . Una especie de entrenamiento con público para los colosos.
El relámpago va a lo suyo. No se ha alterado en ningún momento, ni cuando un accidente del tráfico retrasó la preparación invernal en Kingston. Llega con la segunda mejor marca de la temporada, pero conseguida en medio del diluvio y emitiendo buenas sensaciones. Por eso, Bolt se siente fuerte y convencido de sus posibilidades: «Sin faltar al respeto a Tyson, será difícil para él batir el récord de los 100 metros. ¿Quién es el más rápido de los dos? Yo», sentenció mientras admitía tener ganas de mantener un cara a cara.
¿Y Asafa Powell? Ya casi nadie se acuerda del hombre que batió dos veces el récord del mundo. Hace dos años llegó a Osaka como estrella. El verano pasado todavía era alguien bajo el contaminado cielo de la capital china, pero hoy puede confundirse entre la multitud. Hasta su federación ha estado a punto de dejarlo fuera del Mundial por no presentarse en la convocatoria el día acordado. Aún así, puede colgarse el bronce y ser uno de los muchos atletas que bajen de los diez segundos en una cita que ya parte con el cartel de la nueva carrera del siglo.
Aquella de Seúl en el año 88 estaba llena de embusteros, pero por el bien del atletismo la de Berlín está repleta de balas. Y de un extraterrestre, Usain.