Los Schleck asaltan el podio

Solo Alberto Contador resistió los ataques de los luxemburgueses, que dinamitaron la general antes de la contrarreloj


Fue un viaje al futuro en oposición al regreso al pasado que proponía Lance Armstrong. Frank Schleck cruzando la meta por delante de su hermano Andy y de Alberto Contador. La foto del podio provisional. Los tres escenificaron un cambio generacional en la ronda francesa. Armstrong fue el mejor de los ilustres caídos camino de Le Grand-Bornand. Pero fue desalojado provisionalmente del cajón por los Schleck, que ahora ocupan la segunda y la tercera posición. Los luxemburgueses dinamitaron la general. Aunque la onda expansiva no alcanzó la cima. Contador permanece en la primera posición. Más líder que nunca.

Después de unos Pirineos cercenados por la mano de la organización, los Alpes resucitaron la montaña con una de esas jornadas de caza mayor. De guerra fracturada en varios frentes. De historias paralelas. Como la de Denis Menchov, que tras hundirse en la general, probó fortuna en la fuga del día y el Tour, siempre ingrato con el ruso, se lo pagó con dos caídas. Como la de Carlos Sastre, en el arranque del Col de Romme, penúltimo puerto del día para descolgar a Kreuziger, Nibali y Le Mevel, pero fulminado solo dos kilómetros después por los Schleck. Como la de Cadel Evans, desaparecido antes incluso del combate. Como la de Bradley Wiggins, un pistard al ayer que le tocó tirar de Armstrong.

Los Schleck habían avisado. El Tour no se acababa en Verbier. Su campo de batalla era esta etapa, con un terreno plagado de puertos a modo de minas. Eligieron el Col de Romme, la penúltima cumbre, para dejar lastre. Solo Contador y Andreas Kloden recogieron el guante lanzado por los luxemburgueses. Los dos corredores del Astana se mantuvieron a rueda del dúo del Saxo Bank. En la cima la brecha abierta con el resto de candidatos se antojaba ya definitiva. Quedaba un mundo en bicicleta: un descenso, la Colombiere y una nueva bajada hasta la meta.

Contador probó las fuerzas de sus acompañantes atacando en el último puerto. Hirió a los Schleck, que cedieron unos metros y enlazaron con el madrileño cuando este aflojó el ritmo. Pero mató a Kloden, para el que comenzó una inesperada hemorragia de segundos que le hizo caerse de los puestos de podio. Más madera para alimentar esa hoguera de vanidades que es el Astana.

Armstrong coronó la última cima a 2 minutos y 7 segundos del líder. Y, aunque en el descenso contó con la ayuda de Nibali, uno de esos corredores que se lanza en las bajadas como un ave rapaz, no logró reducir la diferencia. Pero sí alcanzó a Kloden, pertinaz en su agonía.

En el reparto de gloria, el trío de cabeza aplicó esa máxima ciclista que no siempre se cumple: la etapa para quien la trabaja. Y Contador y Andy cedieron el triunfo a Frank, el mayor de los hermanos Schleck, el corredor al que le tocó oficiar de gregario.

Parte de los agraviados en la jornada de ayer tendrán la oportunidad de vengarse de los Schleck hoy en la crono con salida y meta en Annecy, con 40,5 kilómetros y un puerto de tercera categoría. Pero no tendrán la última palabra. Porque el Mont Ventoux sellará el podio antes de París.

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