Cuando a alguien le sacan a pasear una colección de defectos resulta fácil pensar que el hombre en cuestión está lejos de ser un prototipo. En atletismo, cuando un velocista tiene una mala salida y parte en desventaja en la fase de aceleración está condenado al fracaso. Pero no es caso. Usain Bolt, el relámpago que ilumina una nueva era tapa todos sus defectos con una zancada primoroso y un final espectacular. Esas dos armas le han sido suficiente para fulminar tres récords mundiales y colgarse otros tantos oros olímpicos.
Pero Usain quiere más. Sabe de las imperfecciones técnicas de su carrera en el hectómetro y está dispuesto a pulirlas con el objetivo final de correr los 100 metros en 9,4 segundos, lo nunca visto ni imaginado. Un registro que hasta hace poco parecía lejos del alcance del hombre.
«Para comienzos de temporada nos hemos propuesto -con su entrenador Glen Mills- trabajar en la salida y en los primeros 30 metros», confesó Bolt en las últimas horas. Porque mover sus 196 centímetros y su corpulencia resulta del todo difícil en una prueba de velocidad extrema.
El relámpago salió mal la primera vez que pulverizó el récord del mundo. Hace un año en Nueva York. Y no estuvo mucho más acertado cuando se colgó el oro y batió de nuevo la plusmarca mundial en Pekín. Fue el segundo peor en la arrancada en la final con una velocidad de reacción de 0,1654 milésimas.
Desde el primer día su entrenador Glen Mills se ha propuesta mejorar el defecto para convertirlo en el atleta perfecto. En Nueva York en pleno éxtasis fue directo al grano: «Después del récord mundial le dije, ¿has visto? He hecho una carrera de verdad. Y entonces el dijo: no fue buena. Y empezó a enumerar errores», recordó Bolt para hablar de la batalla en la que se encuentra inmerso en este año post olímpico.
Si consigue una arrancada imposible para su morfología, y es capaz de mejorar en los 30 primeros metros su aceleración, la velocidad de crucero posterior le llevarán a donde se proponga en el tartán.
«El cree que puedo correr en 9.54 segundos. Pero tal vez llegue a correr un día 9,4», pronosticó el atleta, que nunca ha sido arrogante, pero que está convencido de su potencial.
En esta temporada de transición con el Mundial de Berlín como una cota importante, se enseñó en Europa batiendo la mejor marca mundial de los 150 metros en Manchester y ahora, cuando el Golden League comience a quemar etapas irá perfeccionando y puliendo su salida. Quizás para llegar a Alemania con hambre de récord y meterle un nuevo tajo al crono. Se supone que tanto en el 100 como el 200. Su aventura del 400 todavía va a esperar.