El genio discreto y generoso

José M. Fernández

DEPORTES

El gol que clasificó al Barça para la final europea consagra definitivamente al jugador más versátil de la plantilla culé, el único para el que Guardiola no ahorra elogios

08 may 2009 . Actualizado a las 14:37 h.

Stamford Bridge alumbró al nuevo ídolo. Andrés Iniesta firmó el epílogo del Chelsea-Barcelona, un final feliz después de los 180 minutos de tortura. El crac discreto, el último futbolista al que el Santiago Bernabéu despidió con una ovación, ya tiene su hueco en la historia barcelonista. Del Bakero de Kaiserslautern al Andrés Iniesta de Stamford Bridge, los 18 años que separan al dream team de Johan Cruyff de la máquina de hacer fútbol de Pep Guardiola, un discípulo aventajado del profeta del gol. Quizá la diferencia entre ambos protagonistas (Bakero e Iniesta) sea la misma que separa el juego de unos y otros, aunque el estilo proceda del mismo tronco.

«Le he pegado con toda el alma», decía Iniesta nada más acabar el partido. Minutos después, Guardiola desvelaba que su ojito derecho se quejaba de que no tenía gol. «Pues ya lo tiene». Asunto zanjado. El discreto Andresito (Fuentealbilla, 1984) ha llevado al Barcelona a su sexta final europea.

A la altura de los solistas

Al debate para elegir un solista en la orquesta azulgrana se ha unido Iniesta. ¿Imprescindible? Para unos, Messi, el diablo en pantalón corto; quizá Xavi, el arquitecto de la última Eurocopa, o Eto'o, el pichichi insaciable, incluso Puyol, el espíritu del barcelonismo... ¿Y después? Siempre Andrés Iniesta, el futbolista que conserva la palidez y discreción del niño que llegó a La Masía con apenas 12 años, el buen chico y yerno ideal. Abandonó su Fuentealbilla (Albacete) natal, el bar de su familia, los sacrificios de un padre que completaba el sustento con horas extras en los andamios y un entorno amable por hacerse futbolista en los mismos campos que antes pisó su jefe (Pep Guardiola) o después su compañero Xavi Hernández.

Dicen que no ha cambiado, que sigue siendo el chico humilde al que un día Frank Rijkaard bautizó como el «repartidor de caramelos». También lo asegura Pep Guardiola, el mismo que, todavía en activo, le aventuró a su entonces compañero Xavi: «Tú me retirarás a mí, pero este te retirará a ti». El técnico barcelonista, que mide los elogios individuales, nunca ha ocultado su predilección por el cadete al que, aconsejado por su hermano, descubrió hace más de una década. «Juega donde lo pongas y siempre lo hace bien; si no juega, no protesta... Andrés come aparte. No lleva pendientes, no se pinta el pelo, juega 20 minutos y no se queja... Es el ejemplo».

Entonces, el héroe de Stamford Bridge era el 4 del cadete del Barça, era el encargado de llevar la manija de su equipo. Después se consagró en las selecciones inferiores. Campeón de Europa sub-16 y sub-19, subcampeón del mundo juvenil.... Serra Ferrer lo llamó para entrenar con el primer equipo, en febrero del 2001; Rexach, meses después, lo alineó en el homenaje a Urruti y en la Copa de Cataluña; Van Gaal lo hizo debutar en la campaña 2002-03, en la Champions y en la Liga.

El gran tapado

El gol en Londres ha servido para que ahora, a sus 25 años, el repaso de su trayectoria desnude al gran tapado del fútbol español, a un fijo en la selección desde los tiempos en los que Luis Aragonés le pedía más egoísmo para marcar goles, al centrocampista con más desborde del balompié mundial, a un tímido capaz de emular cualquiera de las maniobras de Zidane.

Internacional en 34 ocasiones, ha jugado 180 partidos en Primera y 66 en la Champions; campeón de la Eurocopa, tiene una Champions y dos Ligas. Pero el genio, discreto y generoso, se destapó en Stamford Bridge. La ocasión lo merecía. Vio la tarjeta amarilla por celebrar el gol despojándose de la camiseta y se permitió un taco para definir su estado de ánimo.

El domingo, mientras el Camp Nou coree su nombre, Andresito, tímido, volverá a repartir caramelos, desde el carril del 10 o del 8 -como en la Eurocopa-, o haciendo de Xavi, de Deco o de Laudrup. Para que Eto'o sea pichichi, Messi se anime o Henry pose para los fotógrafos. Así deberían ser los auténticos genios. Generosos. Como Andrés Iniesta.