El batacazo más imprevisto

DEPORTES

Despistado en defensa y sin jerarquía en el centro del campo, el Dépor dejó pasar su primera ocasión para regresar a Europa

06 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En su carrera hacia Europa los deportivistas se habían citado con una victoria imprescindible frente al Espanyol. Cinco de sus rivales en las diez últimas jornadas huyen del descenso y el éxito coruñés depende de su buen desempeño ante estos equipos. Además, los tropiezos del sábado del Villarreal y del Málaga ampliaban sus expectativas de disfrutar de una jornada redonda. Pero ayer decepcionó. El colista Espanyol lo superó en hambre de puntos y no necesitó más. Entre los aspirantes europeos el Valencia se benefició de una jornada redonda, pues fue el único que sumó. El Dépor sigue empatado a puntos con el Málaga y el Atlético, su rival del próximo domingo.

El gol de Lassad

La única sonrisa de la tarde. El mérito de la jugada correspondió a Lafita, pero el gol y el suspiro fueron de Lassad. Llevaba rondando su estreno anotador en la máxima categoría desde que debutó con el primer equipo, el 1 de febrero contra el Villarreal, y el runrún de su falta de acierto ya comenzaba a solapar el descaro de su técnica individual y su juego de toque. Hasta ayer. Ya puede presumir de un gol, los mismos que Mista y Omar Bravo. Riki, que marcó cinco, lo sustituyó a falta de quince minutos para el final. ¿Tocó el balón?

Un equipo roto por la mitad

De Guzmán y Zé Castro se cernían como un muro infranqueable, pero el Espanyol se apañó para sortearlos. Ambos se replegaron en paralelo y facilitaron los contragolpes de su rival, especialmente cuando el balón corría en los pies de De la Peña. En el primer gol ningún deportivista salió al encuentro del cántabro para evitar su letal asistencia hacia Iván Alonso.

Ese casi reverencial respeto se repitió en el segundo tanto, cuando Lo Pelat avanzó hasta la frontal del área de Aranzubia sin que ningún rival apareciese a su paso. El aparente ansia de unos (la línea defensiva y los mediocentros) por refugiarse bajo su portería y las desmedidas expectativas de otros (el tridente de mediapuntas y Lassad) partieron al Dépor a la mitad.

Hasta Aranzubia falló

El que nunca yerra, se equivocó. Sorprendió la reacción del guardameta coruñés en el primer gol. Vio perfectamente la asistencia de De la Peña, pero no la blocó cuando parecía que tenía todo a favor para hacerlo con ventaja sobre Iván Alonso. Así, el balón salió rebotado y el delantero pudo rematar a la red para inaugurar el marcador.

Cambiados de banda

Durante la segunda parte Guardado penetró por la derecha y Pablo Álvarez por la izquierda, cuando sus cualidades apuntan al contrario. El mexicano, uno de los pocos zurdos cerrados del Dépor, se convirtió en el mejor surtidor de centros a pierna cambiada de su equipo. Sin mucho éxito, eso sí. En cambio, su compañero, casi inédito en la segunda vuelta, no pareció adaptarse al nuevo puesto. Una muestra más de que los deportivistas dejaron su alma en el vestuario.