Los difusores marcan la diferencia

José Carlos J. Carabias

DEPORTES

28 mar 2009 . Actualizado a las 02:31 h.

Se abrió la aduana del 2009 en la fórmula 1 y el resultado es inapelable y esclarecedor. Los difusores ganan a los KERS por 1-0. La temporada arrancó con los equipos divididos, como si el circuito de Albert Park hubiese decretado dos bandos: las escuadras que juegan la Liga de Campeones y las que se quedan fuera. Los controvertidos difusores traseros hicieron volar a las tres escuderías que los están utilizando. Williams situó a Nico Rosberg al frente en las dos sesiones de estreno. Brawn y Toyota se situaron a continuación. El español Fernando Alonso debutó con su R29 instalado en la panza del pelotón, ni frío ni calor, décimo en la primera sesión y duodécimo en la segunda. Kimi Raikkonen firmó al principio el tercer puesto, pero cerró la sesión con el puesto undécimo. Y en este cambio de papeles, el campeón del mundo, Lewis Hamilton, finalizó en los últimos puestos (16 y 18).

Los registros marcados ayer en Albert Park dejaron poco lugar a la dudas sobre la influencia del difusor. Seis de los siete primeros clasificados de ayer llevaban instalada la controvertida pieza. Y ninguno de los pilotos que lograron los mejores registros estaba entre los favoritos hace solo unas semanas: Rosberg, Barrichello, Trulli, Button, Glock y Nakajima. Mark Webber logró colarse con su Red Bull entre el grupo de elegidos. Fue el único intruso.

La pieza en cuestión enreda algo más este deporte tan complejo, donde la fina línea que separa la legalidad de la trampa está en la interpretación de las reglas. El difusor es una pieza de la aerodinámica instalada en la parte inferior trasera del monoplaza y que tiene como objetivo acelerar el flujo de aire que discurre por ahí, incrementando la adherencia. Y debe tener una longitud de 35 centímetros y estar situado a una altura de 17,5 del suelo.