«Perdón». Esa fue la reacción de Roger Federer ante el argentino Juan Martín del Potro tras arrollarlo ayer en el estadio central del torneo y ante quince mil espectadores en los cuartos de final del abierto de tenis de Australia.
«Lo quería matar», dijo el argentino al recordar el momento en el que el suizo se acercó a la red, después de meterle un 6-3, 6-0 y 6-0, y le dijo: «Perdona, siempre juego muy bien cuando me enfrento a ti». Así lo contó Del Potro, entre divertido y desesperado, tras sufrir un calvario de una hora y veinte minutos en la primera ocasión en la que jugó en el Rod Laver Arena.
«Disfruté solo cuando nos presentaron, cuando estábamos cero a cero. Luego solo quería que acabara cuanto antes», admitió con una sonrisa. «Hoy era para sentarse y dejarlo que juegue solo», añadía en su resumen.
Federer solo había perdido un set ante Del Potro en sus tres anteriores enfrentamientos. Ayer, en una demostración de fuerza exagerada, de ejecución total, avanzó a las semifinales al conseguir trece juegos consecutivos en un esprint poco usual en unos cuartos del Grand Slam. Propinó a su rival una paliza inmerecida. Anotó doce saques directos y treinta y ocho golpes ganadores. Estuvo genial al resto, pero lo que volvió loco a su rival fue su regularidad y escasísimo margen de error: solo nueve fallos durante el partido.
Todo esto después de que sufriera ante el checo Tomas Berdych en octavos, pero ayer el suizo mostró un hambre de victoria poco usual, festejando incluso los primeros puntos del partido. Fue como si enviara un mensaje a los demás rivales que quedan en el cuadro. Ganador recientemente del torneo de Auckland, Del Potro esperaba más de sí mismo, pero a medida que avanzaba el partido demostró que poco podía hacer.
Con esta victoria, el suizo sigue directo hacia su sueño de lograr su decimocuarto triunfo en un Grand Slam (tres de ellos en el Abierto de Australia), con lo que igualaría el récord del estadounidense Pete Sampras.