Charly Rexach, el hombre que facilitó el pase de Messi al Barça con un contrato ficticio sobre una servilleta, recuerda la llegada a España del fenómeno argentino
08 ene 2009 . Actualizado a las 02:20 h.«La tengo guardada, es una reliquia; ni siquiera está en mi casa. Solo la saco para enseñarla a los amigos y hace poco para un programa de la tele». Horacio Gaggioli, intermediario en el pase de Messi al Barça, esconde aquella servilleta en la que Charly Rexach firmó el primer contrato del genial futbolista. Fue en diciembre del 2000, en la cafetería de un club de tenis. «Yo Charly Rexach, en presencia de Horacio Gaggioli y Josep María Minguella, me comprometo a la contratación de Lionel Messi en las condiciones pactadas, a pesar de la contra interna que existe en el club». La Pulga cruzaba el charco.
Primeras noticias del crac
«Tengo un chaval que es un fenómeno. Un argentino»
«A Horacio ya lo conocía de hacía tiempo y muchas veces me hablaba de algún jugador interesante -señala Rexach-. Pero un día me dijo: ''Tengo un chaval que es un fenómeno. Un argentino''. ¡Un chico de 12 años y en Argentina! ''Eso es muy complicado'', le contesté. Horacio insistió en que había que encontrar una solución y lo único que yo vi que podíamos hacer era buscar con tiempo una fecha para que los padres vinieran con el chico y pasara 15 días en La Masía. Así lo hicimos. El club pagó el viaje y la estancia».
Estreno con la blaugrana
«Queríamos quince días de prueba y le sobraron catorce»
Messi estaba acostumbrado a jugar con gente mayor que él desde que su abuela lo llevó al club del barrio, el Grandoli. Su entrenador, Salvador Aparicio (fallecido hace cinco meses), vio a un jugador «distinto», cuando le dio su primera oportunidad. Lo mismo se encontró Rexach el día del estreno en España: «Organizamos un partido con gente mayor que él. Había que hacer unas pruebas complicadas y difíciles porque siendo un jugador extranjero y pequeñito, tenía que ser muy muy bueno o ficharlo no tendría sentido. Al día siguiente de llegar él montamos el partido. Queríamos tenerlo quince días a prueba y le sobraron catorce. Dio un recital. Siempre quería tener el balón y era muy habilidoso. Un poco chupón, pero es normal a esas edades. Marcaba diferencias».
Dudas sobre el fichaje
«Me decían: ''Ese chaval es de futbolín''»
Pese a maravillar en el estreno, contratar a la Pulga no fue sencillo y exigió convencer a muchos reticentes. «Traerte un jugador de esa edad, que no podía jugar en Liga española y que venía desde tan lejos resultaba complicado. Tuvimos que echarle un poquito de imaginación. En el mundo del fútbol todos miran el hoy. Messi tenía apenas trece años y era pequeñito. Anunciaba problemas -resume su gran defensor-. La gente en el club prefería fichar a alguien más hecho y la negociación se complicó muchísimo. Me decían: ''Ese chaval es de futbolín'', y yo les contestaba: ''A todos los chavales de futbolín como este que os encontréis traedlos para acá que nos hacemos ricos''».
El día de la servilleta
«Era como decir, si después no firma, Charly hará el ridículo»
Tanta reticencia demoró la firma del contrato y los padres de Messi empezaron a cansarse. «Les decía a los familiares: ''Id mañana al club que allí habrá alguien para arreglaros el contrato''. Ellos iban y no encontraban a nadie. Claro, alguien de 13 años no tiene poder de convocatoria ante una junta. Empezaron las dudas y para que se quedaran tranquilos le pedí un papel al camarero y firmé aquello en la servilleta. Era como decir: si Charly ha dicho esto y después no se firma, va a hacer el ridículo», recuerda el protagonista de la anécdota.
Acostumbrarse al nuevo país
«La gente ve un cuento de hadas, pero se pasa mal»
Rexach, gran especialista en la cantera, sabe que la adaptación de los chicos es muy difícil: «Con un chaval tan pequeño el entorno es fundamental. Cuántos llegan aquí con trece años y lloran todos los días en la Masía. La gente se cree que esto es un cuento de hadas, pero muchos de esos chicos lo pasan mal y algunos han tenido que abandonar. Mande usted a su hijo a Argentina con doce años y a ver qué pasa. Es muy duro. Su familia se preocupó por tener lo mejor para él en todo momento y Horacio hizo de tutor. Lo llevaba al colegio y de aquí para allá cuando sus padres no estaban».
Primeros partidos con el Barça
«Cada día tenía compañeros nuevos y nunca se asustaba»
«Durante mucho tiempo Messi no pudo jugar en liga nacional, por ser extranjero y tenía que ir a partidos de por aquí, contra el Rubí, el Terrasa... Quien empieza en campos malos, llenos de agujeros y piedras, acaba teniendo una habilidad especial. La pelota bota mal, va de un lado al otro y hay que controlarla. En aquella época lo entrenaban gente como Roura o Tito Vilanova que habían sido juveniles míos -explica El noi de Pedralbes-, así que iba a verlos o escuchaba informes suyos. Siempre me decían que era fantástico, que estaba por encima del resto. Había otra cosa que ayudó al chaval: como no podía jugar en liga nacional, cada poco tiempo había que cambiarlo de equipo. Unos días con el B, otros con el C, otros con el cadete... Cada día tenía compañeros nuevos y nunca se asustaba».
Evolución constante
«Habla poco y escucha mucho. Es un tío listo»
Rexach ha sido testigo de la evolución del crac argentino: «Ha aprendido a jugar. Sabe escoger lo que tiene que hacer en cada momento. Habla poco y escucha mucho. Es un tío listo y en cuanto le razonas por qué tiene que hacer algo, lo entiende y lo hace». Tras descubrir a la Pulga, al técnico se le acumula el trabajo: «Ya me han llamado diez o doce personas diciéndome que tienen un par de Messis. Pero todavía no he visto ninguno como él».