El último arrebato de John Daly

DEPORTES

John Daly es un fenomenal golfista, ganador de dos grandes, un pegador que lanza la bola a 300 metros y una mole de 105 kilos. Pero El León, un gigante rubio con la cara colorada por la bebida, también es un personaje histriónico, ex alcohólico, ludópata, mujeriego y maleducado. Quizá por su morbosa doble cara cobra fijos extraordinarios por jugar torneos en todo el mundo. Aunque, desde hace años, casi siempre es noticia por sus frecuentes arrebatos. El último lo protagonizó ayer, al romper contra un árbol la cámara de un espectador en la primera jornada del Abierto de Australia, que se disputa en Sídney.

«La cámara estaba a 15 centímetros de mi cara. Los ojos aún me queman por el flash. Me parece muy grosero», espetó Daly después de largarse sin firmar su pobre tarjeta de 78 golpes. «No habrá sanción para John», explicó el director del torneo, Trevor Herden. Porque el aficionado violó el reglamento, que prohíbe cámaras y móviles en el campo.

Reconducir su carrera

Nacido en Carmichael (California) hace 42 años, Daly fue uno de los reclamos del último Open de España en Sevilla. Y ahora intenta reconducir su carrera en Australia, donde también cobra fijos millonarios. Su regreso al país ya había generado un cierto debate, por su lista de desplantes en Oceanía: en el PGA del 2002 había lanzado un palo al agua sin firmar tampoco su tarjeta después; y en otra ocasión terminó una vuelta con 83 golpes, para martirio de los patrocinadores que pagaron su alto caché.

La suya fue otra carrera meteórica. Comenzó a jugar a los cuatro años, se hizo poco a poco un nombre y, sin disputar rondas de prácticas en el Crocked Stick de Camel (Indiana), ganó el Campeonato de la PGA de 1991. Cuatro años después, cuando ya había confesado su alcoholismo, venció en el Open Británico.

Polifacético

Carne de la prensa sensacionalista al igual que de la deportiva, sus libros se convierten en superventas allí donde el golf cuenta con más seguidores. Aficionado a la música, hace un par de años, después de caer eliminado en el Open Británico, tocó en The Cavern, la gruta donde debutaron los Beatles. Y cuenta con un disco autobiográfico titulado Mi vida en el que repasa sus excesos.

Daly confiesa haber perdido más de 50 millones de euros por su adicción al juego. También pasó por las más famosas clínicas de rehabilitación por sus problemas con el alcohol. Y, según su propio testimonio, llegó a beber una botella de whisky diaria.

Cinco veces divorciado, llegó a ser evacuado de un avión por manosear a una de las azafatas a finales de los noventa, dentro de una lista de desvaríos interminable.