Meticuloso y trabajador, ha brillado al frente del Rayo y el Sevilla, pero ha protagonizado una espantada en el Espanyol y un fracaso en Inglaterra
10 dic 2008 . Actualizado a las 11:51 h.Es el nuevo paraguas bajo el que espera cobijarse Ramón Calderón, al menos hasta que amaine la tormenta. La situación con Bernd Schuster era tan insostenible que el presidente del Real Madrid ha querido acallar las críticas con el fichaje de Juande Ramos (Pedro Muñoz, 1954), un técnico con fama de serio y trabajador, pero con una trayectoria propia de una montaña rusa.
Discreto -lo que habitualmente se conoce como un entrenador de perfil bajo-, Juande forjó su prestigio en tres exitosas campañas al frente del Rayo Vallecano y una en el Betis. Antes, Alcoyano, Levante, Logroñés, Barcelona B y Lleida. Nada extraordinario, pero suficiente para fabricarse una merecida fama de concienzudo, además de ser considerado como uno de los técnicos con más futuro del fútbol español. Una trayectoria acorde con un ex futbolista también discreto (cuatro temporadas en Primera con el Elche) al que una lesión le retiró prematuramente, a los 28 años.
Capaz de responder con monosílabos durante veinte minutos de una entrevista pactada, Juande Ramos parece haber aprendido a convivir bajo la presión de los medios de comunicación. Sobre todo después de que en octubre del 2002 fuera fulminantemente despedido en el Espanyol y se encontrará con la comprensión de buena parte de la prensa. Entonces se había quejado públicamente de los «vicios defensivos» de su equipo, un juicio inmediatamente contestado por Paco Flores, su antecesor en el cargo: «Está preocupado porque a él le han dado lo que a mí me negaron». Después de disputadas cinco jornadas, el conjunto catalán tenía un punto y Juande se había enzarzado en un par de polémicas con su club, porque, según él, no le dieron los refuerzos que había pedido: Milosevic, Maxi Rodríguez, Boghossian, Fredson, Luque y De la Peña. Cavó definitivamente su tumba al asegurar que sus horas en el Espanyol estaban contadas. Una costosa destitución. La primera.
Nueve meses después se hizo cargo de un Málaga al que clasificó en décima posición. Un año sabático hasta que en junio del 2005 le llegó su primera gran oportunidad, cuando sustituyó a Joaquín Caparrós al frente de un Sevilla que ya amenazaba la hegemonía de los grandes. Ganó cinco títulos en dos años (dos Copas de la UEFA, una del Rey, una Supercopa de Europa y otra de España), pero su relación con el cuadro andaluz acabó mal. Con la institución todavía tocada por la trágica muerte de Puerta, Juande Ramos dejó plantado al Sevilla y aceptó una suculenta oferta del Tottenham (unos siete millones de euros por temporada hasta la 2011-2012). La Premier League, el sueño confeso de su vida. Una aventura tan efímera en el tiempo como fructífera en lo económico: conquistó la Carling Cup, el primer título de los spurs en nueve años, y metió el equipo en zona europea. Pero arrancó mal este curso y fue destituido después de firmar el peor inicio liguero del Tottenham en sus 126 años de historia.
Ni así quedó tocado el prestigio de un Juande incapaz de que su plantilla aceptara de buen grado unos métodos que contemplan desde el obsesivo control de la alimentación y el peso hasta el tiempo de descanso. Puede que por su falta de mano izquierda, como en su paso por el Espanyol o en alguna de sus apariciones públicas. Un problema para un presidente que buscaba con urgencia un bombero y quizá ha encontrado un entrenador.