Cuatro nacionalidades conviven en el Estudiantil, de Tercera Autonómica, un club de A Estrada en el que ya se ha vuelto habitual oír español con acento extranjero
21 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El fútbol no conoce fronteras, y si no, que se lo pregunten a la plantilla del Estudiantil, un equipo de Tercera Autonómica de A Estrada en el que es habitual oír español con acento boliviano, camerunés o marroquí. El pequeño equipo de la parroquia de Loimil se ha convertido en un crisol de culturas a modo de familia bien avenida en la que todos se conjuran para dar el salto a Segunda Autonómica al final de esta temporada. Y es que el Estudiantil no es un equipo al uso; pese a militar en la categoría más humilde del fútbol gallego, cuenta con un presupuesto de 60.000 euros. En el Club, presidido desde hace unos meses por José García, si los resultados no acompañan, se destituye al entrenador -como ocurrió hace unas semanas-, y los jugadores no se buscan, se fichan, como ocurrió con los tres extranjeros.
Desde Bolivia
Edson Reynal abrió la nómina de jugadores extranjeros del Estudiantil la temporada pasada. Llegó a Galicia procedente de Madrid, donde militó en un club de Segunda Regional, tras haberse formado en la escuela de fútbol Ramiro Castillo de su país, y después de disfrutar de minutos en la Segunda de su Bolivia natal. El lateral derecho, de 20 años, recaló en el Estudiantil a través de un amigo; probó con el equipo, y allí continúa.
«Me costó adaptarme al fútbol que se juega aquí, porque es muy duro; la técnica se guarda en el bolsillo», confiesa Edson, que desde esta temporada comparte la morriña por estar lejos de su tierra con los otros dos jugadores extranjeros en el Estudiantil, el camerunés Christian, y el marroquí Abdalá. Fue precisamente esa morriña la que aproximó al portero Christian al equipo de Loimil. «Yo vivía en Barcelona, pero mi amigo Edson me dijo que estaba solo y me animó a venir y probar en el equipo», cuenta el meta. Tras pensárselo «hasta el último minuto», decidió tomar rumbo hacia A Estrada, dejando atrás el equipo de Preferente en el que militó en Cataluña, y la vida urbana, algo que echa de menos. «He vivido toda mi vida en ciudades grandes, y ahora aquí, en un sitio tan pequeño, encuentro mucha tristeza, me cuesta acostumbrarme, pero estoy motivado».
La meta, el ascenso
Lograr el ascenso es la primera meta de Christian, que habla de sus aspiraciones para probar en algún equipo de Tercera, «porque ya entrené con el Valdemoro, de Preferente, y seguía el ritmo», explica con su excelente castellano.
También a través de amigos comunes llegó el marroquí Abdalá al Estudiantil. El centrocampista, de 30 años, llevaba un año sin tocar balón, y al principio el trabajo se le hizo duro. «Llevaba tiempo sin jugar, y ponerme en forma, cuesta», comenta, al tiempo que reconoce que los inicios fueron complicados, sobre todo por el idioma. «Aquí casi todos hablan gallego», recuerda divertido. El que no tuvo tantas dificultades fue Edson, que partía con la ventaja de dominar el español, y que asegura que ya casi habla gallego.
Fichar a tres extranjeros para un equipo de Tercera Autonómica resulta cuando menos «curioso», como reconoce Edson, aunque Christian recalca que «somos tres más». La llegada del meta y del centrocampista fue recibida con los brazos abiertos por el lateral afroboliviano: «Para mí es muy motivante, porque contactamos muy bien al sentirnos lejos de casa». Los tres coinciden al hablar del buen recibimiento en el equipo y del apoyo prestado por los compañeros y la directiva. «Todos nos dan cariño», remata Christian. Más allá va Edson al declararse un «emigrante afortunado» por la gente con la que vive y trabaja. «La razón por la que aguanto aquí», asegura.
El fútbol, un consuelo
Tanto Christian como Edson y Abdalá hablan de su meta de lograr el ascenso con el Estudiantil. Con su equipo segundo clasificado en la Liga, y después de tener que despedirse con pena de su primer entrenador por falta de resultados, los jugadores confían en que el objetivo se cumplirá. Mientras, siguen dejándose la piel junto a sus compañeros de equipo en la arena de los campos de regional, y reservándose algunos momentos para acordarse de las tierras que dejaron atrás. Al menos, el fútbol es un buen consuelo.