El plan no funcionó, eso es todo. El guión que llevaba preparado el Deportivo para sorprender al Villarreal en su casa y que estaba basado en la intensidad defensiva se lo dejaron los jugadores en el hotel.
El Villarreal lleva desde diciembre sin perder un partido en El Madrigal, donde es casi inexpugnable y apenas encaja goles. Pero si no se los marcan no es porque se trate de un equipo especialmente defensivo. Todo lo contrario: no le meten goles por su vocación ofensiva. El Villarreal domina los partidos, deja al rival sin el balón gracias a una enorme posesión bien gestionada después en ataque y aleja el riesgo al llegar triangulando hasta el área rival, a la que accede con muchos futbolistas.
Para contrarrestar esos argumentos ofensivos, que son también defensivos, el Dépor llegaba al Madrigal con una premisa: robar arriba. No dejar que el adversario toque y toque en tres cuartos de campo y acabe triangulando cerca del área de Aranzubia. La clave era presionar bien en el centro del campo, recuperar en la zona ancha y aprovechar los espacios que deja atrás el Villarreal por su posicionamiento avanzado.
Pero funcionó mal. Más bien, no funcionó. El submarino amarillo quebró la barrera de la medular sin excesiva oposición y llegó tocando a placer hasta Aranzubia. Y dejar combinar así a un equipo tan técnico individual y colectivamente es casi siempre sinónimo de derrota.
La cuestión es por qué no funcionó el Deportivo, por qué fue incapaz de frenar a su adversario donde tenía que hacerlo y consintió las oleadas de los de Pellegrini, que bien pudieron traducirse en una derrota más abultada si no llega a ser por la actuación de Aranzubia. La respuesta es por falta de intensidad.
El equipo jugó sin la intensidad necesaria para contrarrestar las condiciones técnicas de los locales. Faltó garra, agresividad, esa tensión que se le pedía ayer al Dépor para enrocarse adecuadamente, robar y encontrar espacios para el contraataque. Y las escasas contras que salieron fueron muy imprecisas. Tampoco ayudó el fuerte calor a la consecución de una empresa basada precisamente en el sudor.
Antonio Tomás (mermado por una tarjeta) y Sergio fueron desbordados, pero también las bandas se vieron rebasadas fácilmente a pesar de las constantes ayudas de Juan Rodríguez, que sí estuvo metido en el partido y que se desfondó con ayudas excesivas.
La propuesta del Dépor en Villarreal fue cicatera en cuanto a fútbol por su renuncia al arte, y si uno se aferra a la intensidad del triple pivote y esa tensión no aparece después por ningún lado resulta complicado cambiar el libreto porque las tres sustituciones suelen ser insuficientes.