«Me alegro por la victoria de Carlos Sastre, es un tipo humilde, una buena persona». En el pelotón gallego Sastre tiene imagen de antidivo. Es uno de los gallos que no mira por encima del hombro a los humildes. «Él es de los primeros en felicitarte si logras algo, no le importan los galones», recuerda David García, del Karpin Galicia. Por ello, muchos se alegraron ayer de su triunfo.
Sastre huye de protagonismos superfluos y bromea sobre su edad y su trabajo. «Es que ya me considero un padre de familia», suele decir.
Antes de llegar con el maillot amarillo a París aseguraba que había vivido días muy emocionantes en su carrera. Como su victoria en Aix-3-Domaines, en los Pirineos, en el Tour de Francia del 2003.
El mejor recuerdo
Pero al realizar la criba de los recuerdos, el corredor rescataba lo vivido en la segunda jornada de la Vuelta a Castilla y Léon. «En la segunda etapa, que llegaba a Ávila, vi a mi mujer y a mis hijos al lado de la carretera, iban vestidos con maillots del CSC. Nunca los había visto así. Es un momento que siempre lo recordaré», confesaba hace unos meses. Ahora, tendrá que añadir una nueva estampa. La de su familia acompañándolo en los Campos Elíseos.
Dice que ahora disfruta del ciclismo y de los suyos, y que ve su futuro con tranquilidad. «Cuando llegue el momento de decir adiós, estaré preparado», explica.