Si en la pasada edición hubo alguna duda sobre la victoria de Padraig Harrington en el Open Británico de Carnoustie, cuando derrotó en el play-off a Sergio García, el difícil campo de Royal Birkdale le ha consagrado como uno de los grandes jugadores del momento. El irlandés bordó los últimos hoyos. A punto de cumplir 38 años, se convierte en el primer europeo que revalida el título desde 1906, cuando lo consiguió James Braid.
Con una tarjeta final de 69 golpes (283, +3), un resultado increíble teniendo en cuenta el complicadísimo día de viento, Harrington se llevó un premio de 750.000 libras (casi un millón de euros) y la codiciada Jarra de Plata. Venció sin dudas, a lo gran campeón. Tras perder terreno en los nueve primeros hoyos, dio todo un espectáculo en los nueve segundos (en 32 golpes), con una exhibición de juego y un eagle en el 17 que remató las expectativas de Greg Norman. La suerte no acompañó al veterano australiano de 53 años, que acabó tercero.
El australiano volvía al Open después de tres años de ausencia y la semana que viene jugará el British Senior en Troon. Se le vio relajado, disfrutando de un momento de gloria que ya no esperaba. La juventud se impuso en unas condiciones terroríficas de viento, lluvia y frío. Tiger Woods, ausente porque se recupera de una lesión de rodilla, ya puede estar preocupado porque le ha salido un digno rival.
En segunda posición acabó el inglés Ian Poulter, que se preparaba en la cancha de prácticas para un posible play-off , hasta que Harrington llegaba a green de segundo golpe en el par 5 del 17. También destacó el amateur británico Chris Wood, quinto.
García, con «el cerebro muerto»
En cuanto a los españoles, Sergio García llegó a colocarse entre los diez primeros cuando Norman aún dominaba en el marcador. Terminaba los nueve primeros hoyos con un bogey al uno y un birdie al nueve, conteniendo el resultado, que no su juego. Pero no estaba centrado y tiró el palo al suelo sin acabar el swing en dos golpes relativamente sencillos desde la calle. El presagio se hizo realidad cuando al comienzo de la segunda parte del recorrido perdió siete golpes en cinco hoyos (tres bogeys y dos doble bogeys) , despidiéndose de los aficionados de Southport con otro bogey al 18. «¡Qué puedo decir! Se me fue la cabeza. Se me fue del todo. No sé que más puedo decir. Era como si tuviera el cerebro muerto; mi cuerpo era incapaz de reaccionar», dijo.
El catalán Pablo Larrazábal finalizó en el puesto 70 en su primer Open Británico.