Barça y Manchester decepcionan en la Champions con un pobre espectáculo

DEPORTES

24 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Ni rastro del fabuloso espectáculo que se esperaba. Más bien un monumento al miedo en una semifinal gris, porque cuando el subidón de euforia del Camp Nou llega por una galopada de Zambrotta.... Decepcionaron Barça y Manchester -especialmente los ingleses-, así que quedan las espadas en alto para el Teatro de los Sueños, que esa es la baza que jugó anoche sir Alex Ferguson. Antes del partido, la duda era si el Barcelona impondría su velocidad de toque o el Manchester su intensidad en el juego, pero desde el comienzo se vio que el planteamiento sería muy diferente.

Los diablos rojos especularon con el segundo partido en casa y renunciaron al pulso de posesión de Rijkaard, sobre todo después de que Cristiano Ronaldo, más preocupado anoche por su lucimiento personal que por su equipo, mandase un penalti a la grada en el minuto 2.

Los ingleses, con un planteamiento a la italiana, mantuvieron una presión fuerte en la media, pero fiaron la suerte del gol al contragolpe, que no al ataque. Ferguson contaba además con otro factor, que la posesión extrema del Barcelona fuese la misma que la de la Liga. Es decir, dominio sin premio. Con ocasiones, pero sin gol. Y el Barça, como era de esperar, lastró una vez más su fútbol de salón con su ineficacia.

Desde ese planteamiento inicial se movieron las piezas en un partido de mucho centrocampismo y pocos espacios para los atacantes. Se esperaba magia del duelo Messi-Ronaldo, muy diluido por el peso táctico de una semifinal de Champions sin bandas.

El argentino tiró sus caños y sus sombreros allá donde quería el Manchester, lejos del área. Cuando se aproximaba, una defensa solidaria en ayudas ahogaba al habilidoso atacante, con la conexión con Eto'o abortada por Ferdinand, excelente.

Y si Messi era un Ferrari acelerando en un garaje, Ronaldo era un McLaren fuera del circuito. Demasiado solo en las contadas contras de su equipo, así que, como el argentino, sus filigranas adornaron el partido donde tampoco hacía daño, hasta que su presencia se hizo anecdótica.

En el duelo de los Deco, Touré, Scholes, Carrick y compañía, todos se robaban el balón de una forma rutinaria y sin posibilidad de una combinación posterior que serenase el fútbol y le diese sentido.

El arranque de la segunda parte trajo de la mano las ocasiones. Messi, Zambrotta, Eto'o tras una excelente combinación de medio equipo... pero ahí el Barça fue más Barça que nunca. Todas fuera. Y el Machester, menos Manchester que de costumbre: Carrick la mandó al lateral de la red después de un espectacular recorte en el área.

Dentro de la mediocridad general, el Barça fue mejor. Tal vez porque el papel de víctima le evita la angustia con que juega cuando es favorito, y sin duda porque estaba obligado a defender su honor frente a un rival incomprensiblemente gris.