«Augusta supone otra dimensión»

DEPORTES

Piñero, Olazábal, Jiménez y Larrázabal evocan su estreno en el Masters, un torneo por invitación rodeado de una mística especial por el campo y el ambiente

08 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Si el Masters es un campo único, el debut impresiona. Cuatro de los ocho españoles que jugaron invitados en Augusta explican para La Voz los recuerdos de su estreno en el primer grande de la temporada, que empieza el jueves.

Manuel Piñero fue uno de los pioneros españoles en Augusta, junto a Antonio Garrido y Severiano Ballesteros. Su primer Masters lo disputó en 1978, cuando Gary Player ganó su tercer título. «Es el torneo más exclusivo. Todo son atenciones, como si entras en un hotel de superlujo. Desde la entrada al campo, que ya es espectacular, el ambiente impresiona», explica el golfista extremeño.

Junto a Antonio Garrido, vivió anécdotas de todo tipo. «No hablábamos inglés perfectamente y nos pusieron unos intérpretes cubanos muy simpáticos. Nos reíamos porque nos explicaban cosas obvias. Un día la bola de Antonio se salió de la calle y llegó casi junto al público. Vino el intérprete para explicarle que podía quitar las cuerdas para dar el golpe, y él se cogió un cabreo ... ¡Cómo si no lo supiera ya!»

Del torneo, Piñero recuerda la dificultad del juego corto. «En aquella época, los greens en Europa no eran tan rápidos como en Estados Unidos, y no debí ser tan agresivo. El primer día jugué muy bien al golf, pero necesité tres putts en seis hoyos diferentes y acabé con 78 golpes».

Chema Olazábal inicia el jueves su vigésimo primer Masters, que ya ganó en 1994 y 1999, por lo que forma parte del grupo de campeones. El triunfo en el Open Británico amateur permitió el estreno de Chema Olazábal en Augusta en 1985. Con 19 años, llevó como cadis a su actual agente, Sergio Gómez. A través de él, el genial jugador español explica sus sensaciones en su primer Masters.

Lágrimas en la salida de honor

«Fue increíble. Con una ilusión tremenda por jugar el Masters, Chema hizo cosas que los jóvenes hoy ya no hacen. A primera hora fue a ver la salida de honor en el tee del 1, con Gene Sarazen, Byron Nelson y Sam Snead. Se le saltaban las lágrimas viéndolos», explica Sergio Gómez. Después, jugó con Arnold Palmer el primer día de un torneo que ganó Bernhard Langer. «Descubrió un mundo del golf nuevo y se convenció de que debía estudiar todos los detalles de un campo cada momento», añade Sergio Gómez.

Miguel Ángel Jiménez comenzará el jueves su décimo Masters, que conoció en 1995. «Tiene una mística alrededor, una historia... Todo eso lo hace distinto». En 1995, cuando empezaba sus mejores años de golf, se quedó impresionado: «Se confirmaba todo lo que decían del cuidado del campo, el ambiente... Hice la primera ronda de entrenamientos con Severiano Ballesteros y Olazábal, y me sirvió de aprendizaje ver como enfocaban los hoyos y como entrenaban».

El último debutante español en Augusta fue el barcelonés Alejandro Larrazábal. El honor le llegó con 23 años gracias a su triunfo en el Open Británico amateur . «Para mí el Masters es diferente a todo. La primera impresión es la magia del lugar. El campo está en la esquina de un pueblo feísimo. Allí entras en otra dimensión, con flores, árboles, el campo, el público... Con todo lo que hay alrededor del Masters es difícil centrarse en el juego. El entorno es asombroso, desde el tee del uno, hasta el putting green» , comenta.

Larrazábal pudo jugar dos de los grandes, Open Británico y Masters. «El British se juega en un links , con toda su historia, y es más cordial y elegante. En el Masters entras en un jardín y no puede existir un campo más exigente. Necesitas una precisión total en el juego a green , y algo más que un buen juego corto. No sirve jugar como un robot approach-putt . Necesitas un don de interpretación. Por eso destacan los auténticos magos como Seve, Olazábal, Tiger Woods...».

Junto a Nicklaus y Gary Player

Con varios mitos coincidió Larrazábal en las rondas de prácticas. «Jugué dos con los españoles y la tercera con Jack Nicklaus y Gary Player. Como amateur, tuve la oportunidad de dormir en la casa club, y eso también es especial. Todo fue algo único, aunque el jueves el mal tiempo obligó a suspender el torneo y jugué 36 hoyos el viernes».

Su momento llegó en el hoyo 12 de la segunda vuelta. Salió desde el tee tres veces, por dos golpes que acabaron en el agua. En ambos casos evitó la posibilidad de jugar el siguiente en la zona de dropaje. «En el tercer intento, dejé la bola a metro y medio de la bandera y emboqué luego. Eran seis golpes, aunque sería un birdie si no hubiera lanzado antes dos bolas al agua. «Recibí una ovación tremenda por la valentía de repetir la salida. El estruendo hizo que se parase el juego en los hoyos de alrededor. Después la gente me paraba por el club: ''Increíble lo tuvo en el 12''», relata.