El coma etílico del Valencia

DEPORTES

Ever Banega da positivo en un control de alcoholemia de madrugada, en otro episodio extradeportivo de un club que vive instalado en la polémica y el disgusto

04 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El aficionado del Valencia, próximo rival del Deportivo, se ha acostumbrado a vivir con el corazón dividido entre el sobrecogimiento y el enfado por todos los episodios extradeportivos protagonizados por todos los estamentos de su club en los últimos tiempos. La cotidianidad de la polémica generada por el Valencia es tal que la rutina che se ha convertido en un absurdo, aunque dada la magnitud de lo sucedido últimamente es casi un elogio. Ayer, los valencianistas se desayunaban con un juicio entre su capitán Albelda y el club, y un positivo por alcoholemia de su fichaje de invierno, Ever Banega.

El jugador argentino, que costó 18 millones de euros, se saltó un semáforo a las tres y media de la pasada madrugada y la policía comprobó que conducía bajo los efectos del alcohol. El club anuncia un castigo, algo que nadie hizo cuando el centrocampista apareció en sendos vídeos durante el Mundial sub-20 de Canadá destrozando el hotel de concentración y mostrando sus genitales.

El ex jugador de Boca Juniors no es el único que se entregó a la noche esta temporada en Valencia, ya que los pioneros de la indisciplina fueron Manuel Fernandes y Miguel. A principios de enero, participaron en una pelea nocturna que terminó con los implicados en las dependencias judiciales días más tarde. Fernandes fue cedido al Everton inglés y Miguel admitió públicamente que fumaba a menudo, lo que desató un debate acerca de la vida nocturna de los futbolistas con participaciones tan extremas como las del barcelonista Deco, que defendía el derecho de los jugadores a salir de noche.

Trifulcas etílicas al margen, la plantilla del Valencia nunca ha sido fácil, dicen los entrenadores que han pasado por allí. Y si no, que se lo pregunten a Koeman, que decidió prescindir a mediados de diciembre de tres de sus vacas sagradas: Cañizares, Angulo y Albelda. El juicio del capitán che contra el club fue la otra gran noticia para el valencianismo en el amanecer de ayer. Cañizares dice que le secundará y Angulo ya habló de «compañeros vendidos al poder». A principios de noviembre, Soler había pagado la cláusula de rescisión al PSV de Eindhoven para que Tintín Koeman se sentase en el banquillo eléctrico de Mestalla y depurase la plantilla. Tenía de plazo hasta el año 2010, pero poco más de un mes después, el técnico y el director deportivo se presentaban en el domicilio del presidente para explicarle que tres jugadores no pueden imponer su ley en el vestuario y en las alineaciones. Presidente y director deportivo despidieron públicamente a los tres futbolistas e incluso anunciaron su propia salida, en el caos que dominaba la situación.

El adiós de Quique

Koeman había llegado también para sustituir a Quique Sánchez Flores (Óscar Fernández mediante), quemado por su relación con el plantel, con los directores deportivos desde Carboni, con el club y con la grada. Nueve partidos aguantó esta temporada el técnico madrileño en los que perdió el pulso con Angulo y con la afición (eran habituales las pancartas con un «Quique, vete ya»). Su Valencia lo bordaba como visitante hasta ponerse cuarto a cuatro puntos del líder, pero se arruinaba de local. Y a la primera que cedió fuera, fuera se marchó Quique.

El lío de Albelda, Cañizares y Angulo dio paso al Banega estrella de los vídeos más sucios de Internet y las polémicas noches, pero faltaba una vuelta de tuerca en los despachos. El ex presidente de Telefónica Juan Villalonga anunció y desmintió la compra del club, además de asegurar que Koeman le duraría «diez minutos, y Bakero, once». Se enredó tanto la cosa que el holandés terminó ironizando sobre su futuro («diez minutos me parecen muchos») y el segundo máximo accionista, Vicente Soriano, se enzarzó en una pelea dialéctica con el padre del presidente Juan Soler.

Koeman (al que llaman «barraquero» por sus planteamientos conservadores) hizo balance y dice que aprendió más en tres meses que en todos sus años anteriores como entrenador, e incluso intentó ganarse a la plantilla invitándola a comer en un acto que acabó con Joaquín tocando la guitarra e imitando al técnico. Además, los resultados no han sido bálsamo para el holandés, que ha comprobado el sobresalto continuo que supone entrenar a un equipo como el Valencia.

Ninguna sorpresa si se echa la vista atrás: la pugna Pedro Cortés-Paco Roig; la huida de Benítez al Liverpool, que acusó al club de buscarle sustituto; la insoportable deuda económica sin pelotazo urbanístico que la alivie y los desplantes del intocable Cañizares a cada derrota histórica, como las de la Liga de Campeones.