Cuando la meta es el principio de todo

DEPORTES

El portero de Móstoles constituye una pieza fundamental para el líder de Primera, ya que es el guardameta que más paradas ha realizado en lo que va de Liga

08 ene 2008 . Actualizado a las 02:12 h.

Tenía 16 años. Estaba en clase de Dibujo. Tan tranquilo. De repente, un bedel entró en el aula para decirle que tenía que ir a ver al director. Así se enteró Iker Casillas (Móstoles, 1981) de que había sido convocado por el primer equipo del Real Madrid. Las lesiones asediaban la portería blanca. Iba a viajar a Noruega, donde los merengues iban a enfrentarse al Rosenborg. «Al principio me lo tomé a broma», confesó. Pasó aquella primera concentración prácticamente recluido en el vestíbulo, sin tratar mucho con sus compañeros, porque estaba aún aturdido por compartir aventura con tanta estrella. Hoy es el portero que más paradas ha realizado en la Liga. El jugador clave del líder.

Los equipos de Primera saben que el guión del Madrid suele ser tan previsible como implacable. Son conscientes de que sus oportunidades, por muchas que sean, se estrellarán contra Casillas, y que Van Nistelrooy rematará la faena. La última víctima, el Zaragoza, el pasado domingo. El equipo de Víctor Fernández se topó una y otra vez con el portero madridista. Una pesadilla con guantes.

De blanco a los 9 años

La meta es su vocación. Siempre ha jugado de portero. Su padre lo llevaba a una pista de fútbol sala para que se entretuviera. Su tía le regaló los guantes. Con 9 años jugó con el Losada el Torneo Social del Real Madrid. Y se incorporó a las categorías inferiores del club blanco. Entonces, Vicente del Bosque era el que supervisaba la cantera.

Casillas se acostumbró a brillar bajo palos. Detuvo el penalti decisivo en la tanda que le dio el título continental frente a Austria en categoría sub-16. Clasificó a la selección sub-20 en semifinales al parar otro lanzamiento desde los once metros contra Ghana. «Es mi trabajo, parar», insistía ya entonces.

Tiene Casillas algo de desmitificador de sí mismo y de su propio deporte. «Yo no soy galáctico, yo soy de Móstoles», decía en un anuncio de una conocida marca deportiva. Cuando le preguntaron cuál fue el mejor gol que ha recibido en toda su carrera, obvió a los grandes rivales y recordó el gol que le marcó Marino Solares en el Navia-Real Madrid C.

Huevos con patatas

Es un gran antídoto contra el excesivo glamur que transmite a veces el vestuario madridista. Su plato favorito son los huevos con patatas. Y en una ocasión, después de jugar un Madrid-Barcelona, cogió el metro para irse a casa porque todavía no tenía permiso de conducir.

En más de una ocasión, Casillas sintió su hegemonía amenazada. César tuvo sus días de gloria y salió como titular ante el Leverkusen en la final de la Champions, pero se lesionó. Casillas salió del banquillo, se cortó las mangas de la camiseta y salvó al Madrid con tres paradas increíbles. Capello prefería a Buffon, uno de los héroes del meta.

Aunque reniegue de los mitos y de la euforia, en el corazoncito de Casillas hay un hueco especial para su estreno en el Bernabéu. «Se me puso la piel de gallina. Le dije a Munitis: ''¡Qué pasada, esto es la leche!''», explica. De entre las derrotas más dolorosas que recuerda, destaca las de la final de la Copa del Rey frente al Deportivo y el Zaragoza.

Es casi insuperable en un mano a mano. Sus reflejos le permiten realizar paradas inverosímiles. Y dicen que su asignatura pendiente son los balones altos. Una nimiedad. Porque Casillas es la razón de que, para muchos delanteros, la puerta del Madrid sea la puerta del infierno.