El Real Madrid se mostró como un equipo cohesionado y sin apenas fisuras. Enfrente estuvieron Iniesta y diez más
24 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.La Liga se descose por arriba. El Madrid le hizo un siete al Barça, pues son siete los puntos que separan a os dous de sempre desde la asonada blanca de la noche de ayer. Siete puntos: no es un mundo, pero sí todo un puente aéreo. Se esperaba mucho más de los culés, pero a la mayoría de sus jugadores se les vio superados por el acontecimiento y, sobre todo, por el rival. El merengue fue turrón duro. El Real Madrid fue una roca, un equipo sin apenas fisuras, y las poco que hubo las tapó, como siempre, Iker, que bien podría apellidarse Jiménez pues lo suyo supera lo paranormal. Enfrente estuvieron Iniesta y diez más, especialmente en el segundo tiempo.
El Real Madrid ganó la pasada Liga al Barça gracias al golaveraje particular. Triunfó con un fútbol solvente y corajudo, pero tirando a feo. Conserva los dos primeros atributos capellianos, pero se quitado la faja, y ahora va con top , marcando como Beckham. Combina la seda con el hierro fino, como esa mujer a la que le cantó Antonio Vega. No hay duda, ayer quedó patente en el tapete del Camp Nou, de que se ha producido un cambio de ciclo en el fútbol español. Pese a que el Real Madrid ganó el título la pasada temporada, quedaban dudas de que se hubiese producido ese sorpasso . En lo que va de este campeonato, se han despejado: el maravilloso Barça campeón de Europa ya es tan historia como el Real Madrid galáctico. Hay un nuevo equipo hegemónico en la Liga, y da la sensación de que solo Leo Messi podría dar la vuelta a la tortilla. Y ayer el argentino no estaba. Ni se le espera hasta dentro de un mes...
Los «tarzanes»
Encarnan ese cambio de testigo en la cúpula liguera dos futbolistas de casta: Sergio Ramos y Puyol. El que fue el mejor defensa del mundo (Paolo Maldini) acaba de decir que Sergio Ramos lo ha relevado en ese puesto de privilegio. Ayer, el sevillano mantuvo a raya casi siempre a un Ronaldinho que, aunque lejos de su mejor versión, estuvo muy activo y encarador. Mientras Ramos se mostraba titánico, Puyol fue insignificante en ataque y sufrió con las pedaladas de Robinho como Olano lo hacía con las de Armstrong. Ambos son dos tarzanes, pero uno decae al tiempo que el otro emerge. Curiosamente, el que decae es el que tiene esa desmedida querencia por ir al suelo para frenar a su par. Por cierto, Raúl lo mandó al banquillo con un plantillazo de muy mal gusto.
Iniesta, magistral y pertinaz, fue insuficiente para el Barça. Le faltaron socis . Deco se empezó mostrando, pero acabó desaparecido. Ronaldinho está voluntarioso, pero sigue de bajón. Eto'o, que había endosado 10 goles al Madrid (tres con el Barça) en 17 partidos, estuvo más desenchufado que en otros clásicos, le faltó sangre en el ojo. Pero lo más asombroso fue la dimisión de Xavi, engullido por La Bestia brasileña.
El Barça había ganado todos los partidos disputados esta temporada en su cancha. Hasta que por Navidad llegó a su casa el Real Madrid, un equipo. El Barça, que no lo es, sufrió la insuficiente aportación de Deco, Eto'o y Ronnie . El Madrid no sintió las insignificantes actuaciones de Sneijder y Raúl. Las compensaron el metal de Sergio Ramos y Baptista y la seda de Robinho y Van Nistelrooy. Unas gotas de agua milagrosa marca Iker hicieron el resto.