Los efectos de la gastroenteritis dejan fuera de la lista a Xisco, el principal damnificado de Bilbao
02 dic 2007 . Actualizado a las 02:30 h.Una vez superado el virus gastrointestinal que dejó fuera de juego a media plantilla blanquiazul esta semana, convulsa además por la acusación de presunta falsedad documental de Fernando Santodomingo, auditor del club, el Deportivo se prepara para enfrentarse a otro mal, el llamado síndrome de Riazor, de complejo diagnóstico en esta temporada. La victoria en casa se ha convertido en una necesidad para el Dépor, que solo ha sumado como local 4 puntos de 18 posibles a pesar del buen juego desplegado y de las numerosas ocasiones creadas en varios partidos. Por ejemplo, contra el Racing de Santander. Esos argumentos son los que llenan de optimismo a la plantilla y al cuerpo técnico, que no se plantean otra cosa que no sea el triunfo esta tarde. Saben además que, en caso de conseguirlo, el conjunto se situará en una posición cómoda en la tabla, con 16 puntos y un pequeño colchón de seguridad respecto a los puestos de descenso. Es el momento de sumar, ya que la siguiente salida del Dépor será al Camp Nou, donde el Barcelona no ha cedido ni un punto en toda la temporada. Tampoco el rival asusta demasiado a pesar de sus buenos resultados en A Coruña en los últimos años. El Osasuna llega también con serias dificultades, una racha de tres derrotas consecutivas y unos problemas defensivos que no permiten el equilibrio del conjunto. Tampoco le ayudan las bajas de Josetxo Romero, Igotz Garde y Javad Nekounam. El Deportivo podrá comprobar en este encuentro los efectos causados por el virus sufrido desde el partido de Bilbao. Por lo pronto, Xisco, que ha perdido varios kilos, se ha quedado fuera de la convocatoria. Lotina considera que el fútbol del ariete es netamente físico y que, por tanto, podría resentirse todo el conjunto de un eventual bajón del delantero. Barragán, también afectado, se queda fuera por decisión técnica. Sí estará Verdú, otro de los que lo pasaron peor en San Mamés, al igual que Manuel Pablo y Bodipo. Este último sufrió la enfermedad durante la semana, pero jugará y puede ser incluso titular. Otro de los alicientes del partido está en el curioso duelo entre los mexicanos Guardado y Vela, dos internacionales que se verán las caras por primera vez como adversarios en un terreno de juego. Riazor asistirá además al enésimo retorno de Walter Pandiani, un viejo conocido que se ha convertido en todo un trotamundos del fútbol. El Osasuna es por ahora su último desafío. Parece que el uruguayo, al que Lotina conoce bien de su etapa en el Espanyol, empezará el encuentro en el banquillo, con el caboverdiano Dady (1,91 de estatura) como titular.