Dura, pero no tanto como en otras ocasiones. La Vuelta a España 2007 se presenta con un recorrido más suave que en años anteriores y con la recuperación de un clásico: los lagos de Covadonga.
La ronda española comienza con una etapa en línea y no con un prólogo, un formato que quizás le hubiera dado más protagonismo a Óscar Pereiro. En la jornada de hoy todo indica que se producirá un esprint masivo. Óscar Freire es uno de los corredores con opciones para enfundarse el maillot oro en el arranque. El cántabro y el resto de los hombres que componen la nómina de velocistas tendrán a su disposición once etapas llanas en toda la prueba.
Tras la jornada inaugural, el pelotón continuará por tierras gallegas en dos etapas más, Allariz-Santiago y Viveiro-Luarca. Después, llegará la montaña. En esta edición vuelven los lagos de Covadonga, una etapa tradicional y apetecible siempre para el pelotón y para los aficionados. Y la cima asturiana será madrugadora. Se subirá en la cuarta etapa. La primera llegada en alto de la prueba servirá para marcar la primera pauta de cara a la general.
Los escaladores podrán acumular ventaja antes de la primera cita con la contrarreloj, en la octava jornada. Deberán aprovechar su oportunidad, porque la primera cita con la crono no dará concesiones a los amigos de las rampas. Los ciclistas afrontarán en Zaragoza un recorrido de 52,2 kilómetros en bajada, un terreno en el que los especialistas podrán abrir brecha.
Doble ración de cumbres
Las cumbres regresarán con doble ración. Primero, la etapa que unirá Huesca y la estación de esquí de Cerler, puerto de categoría especial. Después, la jornada con final en Andorra, en la estación de esquí de Ordino-Arcalís, cima considerada también de categoría especial. Tras los dos episodios montañosos, se supone que quedará decidido el reparto de papeles entre principales y secundarios de la general. Los Pirineos, grandes ausentes en el año anterior, se presentan ahora como decisivos.
Pero tras las jornadas pirenaicas aún habrá terreno para algunos movimientos, sobre todo si la clasificación está apretada en la zona ilustre. El Monachil, escenario en el que Valverde enterró sus aspiraciones al triunfo en el 2006, también vuelve en esta edición en la etapa decimoquinta, con meta en Granada.
La última llegada en alto será en Abantos, escollo al que se enfrentarán los supervivientes de la carrera en la antepenúltima jornada.
El último día clave será la crono individual de Collado Villalba. Consta de 25 kilómetros en los que, a estas alturas de Vuelta, pesará más el desgaste que las aptitudes en la lucha contra el reloj. Será la víspera del paseo triunfal de Madrid hacia el oro.