El trofeo decano se jugó a solas

DEPORTES

Andrés Guardado reclamó la atención de más aficionados que el partido de ayer, al que acudieron tantos hinchas radicales del Atalanta italiano como del Deportivo

08 ago 2007 . Actualizado a las 02:49 h.

a coruña | En el colmo del onanismo, el Deportivo jugó el trofeo futbolístico de referencia en A Coruña casi contra sí mismo. Compitiendo en dura pugna con una tarde de playa y las cañas posteriores, el primer encuentro del Teresa Herrera reunió casi a menos personas que la presentación de Andrés Guardado. Es decir, un hombre gozó de más tirón que dos equipos y una torre de Hércules de plata como premio. Si la final de consolación la juegan Os Belenenses y el Atalanta, será desconsoladora. Eso sí, el palco estaba a reventar. Entre los no convocados por ambos equipos y las autoridades que deseaban salir en la foto, el overbooking es poco para definir la saturación en la zona noble.

La cara positiva del fiasco de público que generó la poca entidad del rival blanquiazul de ayer será que si la final enfrenta al Deportivo con el Real Madrid se podrá presencia por primera vez en la temporada un Riazor vestido de gala.

Ayer, las galas de estreno eran blanquiazules. El equipo coruñés estrenó su nueva equipación, en la que se distinguen a los jugadores por la pinta, no por el dorsal. Eso sí, es blanca y azul a rabiar, como antaño.

Por la tranquilidad que se respiraba ayer en la bancada del municipal herculino, bien parecía que se estaba jugando el partido de la paz. Sólo los aficionados de Bérgamo estropeaban sus gargantas con la brisa coruñesa animando a jugadores que portaban en la espalda dorsales tan poco serios como el 72, 79 y 80. Los transalpinos entonaron las mismas melodías que suelen cantarse en el fondo de General de Riazor, pero con letras adaptadas. El fútbol carece de imaginación. Los deportivistas saltaban en defensa propia. A Guardado hay que cuidarlo. Cada patada del rival tenía banda sonora. Y cada gesto suyo, el premio del aplauso. El mexicano puso la salsa en el duelo de ayer.

Guardado, protagonista

El zurdo centroamericano demostró con sus gestos técnicos que el público se entrega cuando hay fútbol. Tardó el mexicano una media hora en entonarse. Cuando lo hizo, transformó la grada. En este deporte no existen dobleces en este asunto. Cuando un equipo juega al fútbol, el público llena el estadio. Guardado fue la estrella presente y recibió más ovaciones él solo en un partido amistoso que todo el equipo en toda la temporada pasada.

Las ocasiones desperdiciadas por el Deportivo elevaron un poco los ánimos de los presentes, pero el descanso llegó de nuevo con calma chicha en los asientos de Riazor. Todavía hay clases en el mundo del balón y la verdad, un torneo de verano desprestigiado por el club que lo organiza y con el público ya acostumbrado a rivales de segunda fila, poco se parece a un partido de competición oficial, donde los ánimos se enervan desde que el colegiado da el pitido inicial.

La segunda mitad puso a prueba la paciencia y la fe de los presentes. Tuvo premio, aunque extraño. El gol del Deportivo se celebró a medias, porque en realidad, el tanto lo anotó el Atalanta.

Los aficionados más animosos del Deportivo ensayaban para la gran final, con la esperanza de que se clasifique el archirrival Real Madrid. Las cosas serán diferentes mañana si eso ocurre. La motivación extra que supone para ambos equipos superarse en el Teresa Herrera, por el mero hecho de poder echarse algo en cara cuando llegue el pulso del campeonato de Liga hará que las gradas pinten de otra manera.

En la recta final del encuentro, una acción puntual de Barragán provocó el rumor en la grada. Fue justo antes del arreón del Atalanta, con gol y disparo al palo incluidos. La tensión final puso un poco de picante, pero sin excesos.