El Madrid volvió a recurrir a la heroica para vencer la resistencia del Mallorca y coronarse campeón de Liga después de cuatro años de sequía
18 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.El Madrid se coronó campeón al vencer al Mallorca en otro ejercicio de fe, acorde con el guión de esta Liga loca e intensa. Con Van Nistelrooy lesionado, Beckham ya en el banquillo, los baleares ganando por 0-1 y el Bernabéu en silencio, todo el protagonismo recayó esta vez en Reyes. El sevillano había perdido la confianza de Capello porque no respondía a las oportunidades, pero apareció en el día D y la hora H para permitir que su equipo se agarrase a la Liga tras cuatro años de travesía en el desierto. Reyes entró por Beckham a 25 minutos del final y cambió un partido que hasta entonces gobernaba un Mallorca que fue de más a menos y en el tramo final se vio impotente para frenar el ímpetu del campeón. No se sabe si le valdrá para quedarse en el club, pero la actuación del hispalense bien vale una Liga. De toque sutil, firmó el empate cuando el Madrid no sabía como hincarle el diente al rival y permitió que el decorado cambiase por completo. El Bernabéu se volvió loco, el Madrid se desató y el Mallorca, hasta entonces tranquilo, se arrugó. Faltaban 23 minutos pero casi nadie dudaba ya de que los blancos firmarían otra remontada, igual que ante el Sevilla, el Espanyol y el Recreativo, y se alzarían con su trigésimo campeonato. En el minuto 80, Reyes ejecutó con precisión un córner y Diarra demostró que por algo el Madrid hizo lo imposible para traerle de la concentración con su selección. Saltó como un resorte, cabeceó y marcó con suspense. Moyà hizo un paradón y el balón quizá salía fuera o se iba al poste cuando golpeó a Basinas y se fue dentro. En pleno delirio, Reyes cerró su noche mágica con un gran disparo que evitó el sufrimiento final. Con mal fútbol, pero con mucho orgullo, el Madrid cumplió con su obligación. El corazón en un puño Una cosa es salir con paciencia, tal y como reclamó Capello en la víspera, y otra es jugarse el título en el Bernabéu y regalar el balón y el campo al rival. Ante un Madrid horrible en el arranque, ya sea por ansiedad, nervios, agarrotamiento o, simplemente, porque no da más de sí, el Mallorca fue dueño del partido al principio. Había pasado poco más de medio minuto cuando el venezolano Arango acalló a los 80.000 hinchas que abarrotaban el Bernabéu. Culminó una gran triangulación con un disparo al palo. No cabe duda de que Manzano sabe jugarle al Madrid. Conoce las virtudes y carencias de Roberto Carlos y por ahí le colocó al rápido Jonás. En la otra banda, situó a Varela. Y a Arango le puso entrelíneas, donde gozó de un espacio inmenso a pesar de que, supuestamente, Emerson y Diarra son medios de contención. Salgado salvó otra acometida poco antes de que una soberbia combinación entre Arango, Víctor y Varela acabase con el 0-1. Aún quedaban 74 minutos de pasión. Una vez más, el Madrid necesitaba remar contracorriente. En la segunda mitad el Mallorca perdió el balón enseguida, sobre todo a raíz de que Varela fallase una ocasión pintiparada. Esas circunstancias dieron vida a los madrileños, que nunca se rindieron y acabaron festejando el campeonato.