LA SELECCIÓN de Islandia recordó a aquella Real Sociedad de Benito Díaz, maestro del fútbol español en funciones defensivas. Allá por los años cincuenta, cuando en el Bernabéu (entonces campo de Chamartín) llovían las goleadas sobre los visitantes, los de San Sebastián eran los únicos que podían irse al vestuario con un empate sin goles o derrota mínima. Las críticas caían sobre Benito Díaz que tenía una respuesta muy clara: «Nadie como yo sabe hasta dónde se puede llegar con este equipo, y no pretendan que salgamos a tutear al Madrid en su propio campo». El seleccionador de Islandia, que sabía bien lo que le esperaba en Mallorca, colocó a sus disciplinados hombres sobre el terreno como si el campo fuera un tablero de ajedrez: línea de cuatro defensas, y una segunda línea también de cuatro, algo más adelantada (no mucho, para evitar espacios en campo propio) y dos delanteros (?) dispuestos a correr para tapar las subidas de los defensas españoles. Los corpulentos islandeses, respaldados por un portero excelente, aguantaron los ataques españoles hasta que el lateral derecho olvidó la vigilancia de su zona y se marchó hacia el centro, atraído por la jugada de Villa. Fue cuando Iniesta encontró camino libre para el 1-0. Igual que la Real de Benito Díaz con la salvedad de que los donostiarras jugaban al fútbol muchísimo mejor que los reyes del bacalao.