De compartir habitación con Iniesta a máximo goleador de Tercera

Pedro J. Barreiros REDACCIÓN

DEPORTES

ANA GARCÍA

01 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Apenas tiene 25 años, pero César Olaiz ya conoce las dos caras del deporte. La dulce, que lo señaló como una de las perlas del fútbol gallego, y la amarga, cuando una operación de pubis truncó sus sueños. «Si miro atrás, no entiendo lo que me ha pasado», reconoce sorprendido aún ahora, cuando con trece goles en 21 jornadas se destaca, junto a Óscar, del Cruceiro do Hío, como el máximo goleador de la Tercera División gallega. Olaiz formó junto al coruñés Nano y al lucense Roberto Trashorras una de las mejores generaciones que pasaron por la cantera del Barcelona. «Estuve allí el último año de cadete y el primero de juvenil», recuerda. Sus compañeros de habitación eran promesas como Víctor Valdés, Iniesta o Reina, quienes actualmente triunfan en el fútbol. Luego estuvo dos años de juvenil en el Deportivo y dio el salto al Pontevedra para jugar en Segunda B. «Tenía 19 años y me ficha el Celta, me hacen un contrato profesional por seis años, incluso completo la pretemporada con Víctor Fernández, estábamos Mostovoi y yo como mediapuntas, pero fichan a Boban y me ceden al Eibar. Me opero en el pubis y a partir de ahí comienza mi otra historia con el fútbol», añade. Tras la intervención, el club vigués, afirma el jugador, se olvidó de él. «Cuando te ponen el caramelo en la boca, es duro que te lo quiten», señala. Se pasó media temporada en el filial sin jugar, y tampoco le fue mejor en su cesión de tres meses al Granada. «Fue cuando bajó por impago», dice. Desvinculado del equipo celeste, Olaiz se manifiesta contento en el Cerceda, donde militó la pasada temporada, y ahora en el Negreira. «Llevo dos añitos jugando y me vuelvo a encontrar muy bien. Tengo mucha ilusión, me estoy encontrando muy bien y cualidades siempre he tenido», explica. El Negreira, aspirante a regresar a Segunda B, podría convertirse en su trampolín hacia un nuevo intento por triunfar en el fútbol. «El balón vuelve a entrar y estoy contento porque el teléfono vuelve a sonar. Tengo 25 años, no renuncio a nada», señala.