Pelotazos a Taborda para triunfar en La Romareda

Pedro J. Barreiros A CORUÑA

DEPORTES

KOPA

Caparrós se dedicó en exclusiva a afinar la puntería del uruguayo

26 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

El Deportivo apela a Sebastián Taborda para romper en Zaragoza su nefasta racha a domicilio. Joaquín Caparrós buscó la mejor versión del delantero durante el entrenamiento de ayer, celebrado en la Ciudad Deportiva de Abegondo, donde se desvivió por su futbolista. En un curso intensivo de 45 minutos, el entrenador se convirtió en su sombra. Así, mientras el grueso de los deportivistas se ejercitaron sin novedad en un pequeño campo anexo, el andaluz preparó un auténtico arsenal de ejercicios para quien, con toda probabilidad, será mañana el compañero de Javier Arizmendi en el ataque coruñés. La baja de Riki, sancionado y que además sufrió un esguince de hombro esta semana, aunque ayer acabó la sesión junto a sus compañeros, obligan a echar mano de un futbolista muy cuestionado desde su llegada a A Coruña. Sus sucesivas lesiones y la falta de acierto de cara a la meta contraria le granjearon hasta ahora escasos afectos entre los seguidores. Pero la realidad del Deportivo le otorga una importancia vital en la actual plantilla. Con Bodipo lesionado y Cristian escorado a la banda izquierda, el juvenil Adrián y el uruguayo se convierten en los únicos recursos a mano para solucionar cualquier contingencia como la actual. El particular magisterio de ayer de Caparrós se abrió con los gritos de rigor («¡vamos, vamos!», «¡venga, más ritmo, más ritmo!»), mientras su futbolista corría junto al segundo técnico Luci y a su compañero Lopo. El técnico tomó las riendas en el trabajo defensivo. Al principio, estiramientos de las dos piernas, similares a los que ejecutaría el jugador en un robo de pelota, y, luego, presión con el andaluz como hipotético rival. El balón sólo hizo acto de presencia después. Taborda se esforzó por controlar los pelotazos de Lopo, evitar que Caparrós se adelantase a la jugada y buscar el pase a una banda. Sólo entonces llegó el momento del ataque, en el que puso a prueba los reflejos de Aouate y Fabricio. El delantero dirigió hacia portería los sucesivos centros desde la banda, y quedó claro que se le da mejor el remate de cabeza que con los pies. Primero, disparó en solitario, luego debía zafarse del marcaje de su entrenador, y, por fin, apareció Arizmendi, su compañero en La Romareda. Juntos se turnaron en acudir al primer o al segundo palo. Caparrós debió quedarse satisfecho con la clase, pues permitió a un sudoroso Taborda encaminarse a los vestuarios un cuarto de hora antes que sus compañeros. La sonrisa del pupilo, que vislumbra su primera titularidad liguera en dos años, es la mejor noticia de cara al choque de Zaragoza.