España juega hoy ante Grecia su primera final de un Mundial con la intención de dedicar el triunfo a su líder, ausente por lesión
02 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El oro ya está aquí. Y tiene destino: el grupo que se educó bajo el brillo del metal precioso. La final del Mundial de baloncesto de Japón entre España y Grecia paraliza este mediodía el país ( 12.30 horas, La Sexta ). Día grande. Y con Pau Gasol de espectador, como en el Eurobasket, aunque esta vez por una razón de fuerza mayor: un dedo de un pie ha frenado al hombre que ni colosos como Duncan o Nowitzki lograron maniatar. ¿Qué nos queda pues ante el enemigo griego, amante de la épica? Mucho, sin duda. Como expresión del sentimiento de todo un país, están estos chicos absorbidos por el espíritu del mejor Epi, Indurain, Alonso, Cacho, Nieto... la abnegación de Felipe Reyes, la navaja multiusos de Garbajosa, el repertorio mágico de la Bomba Navarro, la constancia de José Manuel Calderón y, por supuesto, los fogonazos de sus compañeros de fatigas elevarán a España al cielo del Mundial. Un día histórico Japón ha reunido la más exuberante plantilla del baloncesto español de toda la historia. Lo mismo dirán los griegos, pese a que la memoria no es ciega; aquel grupo que en 1987 asombró al mundo con Giannakis, Gallis y una grada enardecida enamoraba más. Aquel base del pelo de casco es ahora el teórico untado de tiza que dirige los destinos de su selección. Precisamente de la pizarra de Giannakis pueden salir muchas claves de la final. El control del ritmo se antoja decisivo: España acostumbra a correr, a poder sacar brillo al talento individual de sus estrellas, pero los helenos obligan a una buena defensa y a sufrir cada punto. Para los chicos de Pepu será vital romper el cerrojo griego, pero en caso de no lograrlo «también será crucial la capacidad para atacar con tranquilidad y criterio, para anotar tiros exteriores y lograr una referencia interior», se arranca el seleccionador nacional ¿Qué más claves puede haber hoy? Clarísimamente, el juego interior. La ausencia de Gasol hace que el país entero coma en la mano de Reyes. Después habrá que ir parcheando la situación con los relevos de Marc Gasol y el juego de Jiménez como cuatro para combatir el poderío físico de Papadopoulos y Schortsanitis, el Baby Shaq que está asombrandopor su volumen y sus depurados movimientos. Por último, la final sostendrá una interesante batalla exterior. Hay que parar el reloj de Papaloukas, el crack de la pasada Euroliga, que marca como nadie los tiempos de juego. La determinación de Spanoulis y la polivalencia de Diamantidis obligarán a imponer un tercer grado defensivo. Y luego está el espíritu competitivo. Si el rasero para ganar el oro se tiene que elaborar por el ansia de uno de los dos conjuntos, más vale ir partiendo por dos las medallas doradas. Por tanto, el seleccionador proclama que «Grecia no nos gana en nada». «Es un gran equipo como grupo y con experiencia, pero en carácter y en garra tampoco nos supera; nosotros somos superiores en velocidad, en jugar en toda la cancha y sin complejos», presume. Al igual que los españoles, el mayor logro hasta ahora de los griegos en un Mundial había sido un cuarto puesto, conseguido dos veces. Sin embargo, se han presentado en Japón con la corona europea y han superado a España en tres de los últimos grandes campeonatos: Mundobasket de Atenas'98 y Europeos de Atenas'95 y Alemania'93. Pase lo que pase, esta España es la campeona del mundo en entrega y cariño de todo un país. Bienvenidos el balón, el partido, la puerta que abre el pasillo hacia la cima. Ya sólo queda un último esfuerzo. Por Gasol.