El Mundial del contragolpe

Rubén Ventureira REDACCIÓN

DEPORTES

DYLAN MARTINEZ

Los equipos de contención y los futbolistas veteranos triunfaron en Alemania, donde fracasaron la soberbia selección «canarinha», las selecciones africanas y Pekerman

09 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Luis Aragonés conocía la fórmula del éxito: «El Mundial se gana al contragolpe», declaró antes de espetarse contra Francia. Así es: la copa se la jugaron ayer en Berlín dos equipos sustentados en el orden defensivo, cualidad a la que añaden la efectividad de sus contras. Italia y Francia optaron por un 4-2-3-1 elástico, que se transformaba en un 4-5-1 cuando el rival aprieta. Ninguna de las tres selecciones que tomaron la iniciativa y practicaron jogo bonito (España, Argentina y México) alcanzaron siquiera las semifinales. El Mundial ha premiado a los conservadores, al igual que la Eurocopa de hace dos veranos obsequió a la hiperdefensiva Grecia. La de Alemania ha sido también la Copa del Mundo del triunfo de las viejas glorias. Italia y Francia, dos grupos sustentados por curtidos jugadores que fracasaron en el anterior Mundial y en el primer tramo del actual, que se levantaron del suelo para llegar a la cima, como sólo los veteranos de guerra saben hacer. Al festival de la tercera edad futbolística no se sumó el decadente Raúl. ¿Y España? ¿Qué? España merece una nueva versión de la frase de Lineker: «El fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y siempre pierde España». Juegue como juegue, a lo Clemente o a lo Aragonés. A continuación, un balance del torneo. Primero, lo mejor: Zidane. El mejor adiós de la historia del fútbol. Tan elegante que es capaz de convertir un penalti injusto en un gol hermosísimo. La Italia de los cinco jugones. Excepcionales los veteranos defensas Cannavaro, Grosso, Zambrotta y Pichichi Materazzi, y qué decir de las celebradas gatussadas de Gatusso. Pero nos quedamos con Pirlo, y ese pase al hueco que abrió la puerta de la final a una Italia desatada en la que jugaron juntos un centrocampista ofensivo (Pirlo), dos mediapuntas (Del Piero y Totti), y un par de delanteros (Gilardino y Iaquinta). Los jóvenes alemanes, Ribéry y Cesc. Podolski (21 años), autor de tres goles. El mediocampista del lanzamisiles en la diestra, Schweinsteiger (21), que firmó dos. El sobrio defensa Mertesacker (21). Estos tres alemanes fueron lo más fresco del Mundial junto con el valiente encarador Ribéry (23) y el panorámico Cesc (19). Klinsmann. Ha enseñado a los alemanes que el fútbol no consiste sólo en tirar centros y que los remate un tío alto. El gol de Cambiasso. Billar argentino. Vayamos con lo peor. La decepción africana. Los sibilinos arbitrajes en contra, que los hubo, no pueden servir como coartada. Cuatro de los cinco representantes del continente negro se despeñaron en Alemania. Lo de Togo y su entrenador de ida y vuelta (me voy, no me voy, me voy) resultó bananero. La vibrante victoria de Ghana (la única del quinteto que accedió a octavos) sobre Chequia es muy poco bagaje para la antaño refrescante África. Brasil, Ronaldinho e Inglaterra. La canarinha corroboró lo que el Madrid viene avalando en los últimos años: los mejores futbolistas del mundo pueden formar pésimos conjuntos perdedores. Para la historia quedará la bochornosa frase de su técnico tras la injusta goleada sobre Ghana: «¿Por qué tenemos que jugar bonito?». Parreira fue también el responsable del secuestro táctico de Ronaldinho, quien, alejado del área, pasó por Alemania como un jugador del montón. Inglaterra, que se presentó con el teórico mejor mediocampo del planeta, vivió de la diestra de Beckham. Y cuando Becks no estuvo, sufrió y/o cayó eliminada. El seleccionador argentino. Privó al aficionado de Messi, al que sólo concedió la titularidad en el encuentro menos trascendente (contra Holanda, con sólo el primer puesto del grupo en juego) y minutos postreros (ni siquiera eso en el partido en el que Argentina cayó eliminada). A Menotti le siguen reprochando que no llevase a Maradona al Mundial 78, que ganó, así que imagínense como tratará la historia al perdedor Pekerman. Poll. El inglés enseñó tres amarillas a Simunic. Después anunció su retiro internacional. El incidente Poll simboliza el cacao mental de los árbitros.