Inglaterra enseñó su fútbol tras un excelente gol de Joe Cole, pero Suecia se clasificó con un juego directo envenenado
20 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Empataron como estaba escrito, pero nadie podrá hablar de pacto entre Inglaterra y Suecia. Los pross pudieron solucionar antes del descanso, pero casi salen humillados en la reanudación víctimas de su pésima defensa del juego aéreo. Las tablas colocan a los ingleses como primeros de grupo y cruzan con Alemania al combinado nórdico. El gol de Joe Cole sacó al partido del aburrimiento. El tanto bien vale soportar los 33 minutos anteriores, en donde los viejos amigos apenas apretaron el acelerador. Se dejaron ver en el área y lucharon por cada balón porque le va en sus genes futbolísticos, pero para nada ofrecieron destellos reales que anunciasen otro resultado más que el empate. Quizás lo intentaron un poco más los escandinavos, pero su calidad está muy por debajo de la que atesora Inglaterra. Quedó patente en la volea del exterior zurdo del Chelsea, que desde fuera del área superó al portero y al palo en uno de esos goles para recordar. Pero también en el obús posterior de Lampard desde la frontal, en una falta de Beckham y en un control de Rooney que ofreció pinceladas, contadas, de su mejor versión. Y eso que se quedó sin Owen a los dos minutos por una lesión que acabó por la vía rápida con la sociedad soñada por Eriksson. Suecia, que había comenzado el partido altanera, se fue al descanso con la cabeza agachada. Pero el fútbol siempre da una segunda oportunidad y el equipo de Lagerback la aprovechó a la vuelta del vestuario. Un fallo de marcaje en el primer córner de la reanudación permitió a Allback firmar el empate -era además el gol 2.000 de un Mundial- con un cabezazo tan lejano como certero. Incluso pudo llegar el segundo de idéntico modo en otro saque de esquina, pero el larguero se encargó de indultar a los ingleses por dos veces. El tanto cambió el escenario del partido. Suecia se volvió mandona y se fue arriba mientras su rival se empequeñecía. La mayor virtud de los ingleses en los momentos críticos fue congelar el balón. Intentar dormir el partido a base de toques aún corriendo el riesgo de sentir el aliento de la presión escandinava. Hasta Eriksson quiso reforzar esa propuesta metiendo a Gerrard y relevando a un Rooney que ya no estaba para ninguna carrera, aunque el bad boy no lo entendiese así. Desangrándose Aún así, Inglaterra continuó desangrándose en el juego aéreo. Lo primero que hizo el mediocentro fue sacar un balón bajo palos. Después llegaron un par de centros sin remate y más tarde los pross metieron a sus once hombres para defender una falta. Sin embargo fueron los ingleses los que marcaron. En su segunda aproximación a portería del segundo acto Gerrard, libre de vigilancia, anotó con un excelente testarazo contrarrestado en el último minuto por Larsson -que ya ha marcado en tres mundiales- tras una cantada monumental de toda la defensa. La maldición continúa.