Maniáticos del balón

La Voz COLPISA | BERLÍN

DEPORTES

Antes, durante y después de los partidos, los profesionales que participan en el Mundial hacen gala de numerosas supersticiones

17 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Conjuros para espantar la mala suerte y atraer a los buenos espíritus abundan en el Mundial. Supersticiosos a más no poder, hay decenas de jugadores y técnicos que cumplen cada día, y con mayor energía los días de partido, una parafernalia de rituales, muchas veces con loca obsesión. Un caso raro es el de Mario Lobo Zagallo, un amuleto en sí, ya que participó en los cinco títulos mundiales conquistados por la canarinh a. Amante del número trece y de Brasil, Zagallo se situaría en el polo opuesto a Luis Aragonés, quien al llegar a Alemania rechazó un ramo de flores porque había entre ellas algunas amarillas, tonalidad que también le provoca pavor a Ricardo, el arquero de Portugal, que prefiere vestirse de riguroso negro. Raúl besa su anillo de casado al festejar un gol y el volante creativo argentino Juan Román Riquelme lleva colgada una medallita que le regaló su pequeña hija Florencia. Lippi, ha jurado que no heredó las costumbres de su colega Trapattoni, quien llevaba a la cancha su botella de agua bendita, pero admitió que un amigo le regaló antes del Mundial una botella de vino para la buena suerte. Al contrario de lo que suponen ciertos prejuicios, estos hábitos que circulan en las periferias de las religiones, el entrenador de Angola, Luis Oliveira Gonçalves, tuvo que desmentir que su equipo necesite de la magia negra. La declaración alivió al Brujo Mayor de México, que conjura a Santa Muerte para proteger a selección azteca y dos veces al día enciende un puro y unas varas de incienso en ritual frente a un altar. El hechicero había dicho estar preocupado por la magia «más ceremonial» y los ritos «más impactantes» que se practican en el país africano. Rumor sin probar es que el seleccionador francés, Raymond Domenech elige los jugadores por el signo del zodíaco al que pertenecen. Menos raras y más numerosas son las manías del inglés John Terry, que ha confesado que debe sentarse «en el mismo asiento del autobús del equipo, atar las cintas de las medias tres veces y cortar el asa tubular de las espinilleras por el mismo sitio en cada encuentro», amén de escuchar el mismo CD de Usher camino del campo.