ESTE FIN de semana se fortalecieron tanto los ánimos de los españoles y de los argentinos que ayer podían escucharse opiniones a largo plazo , anticipando ya una final entre Argentina y España. Ya lo dijo Mariano Pernía, cuando regresó para unirse al grupo de Luis Aragonés y se despidió de sus amigos en Buenos Aires: «Voy con la sensación de que jugaré con España la final frente a Argentina». Palabras que entonces sonaban muy extrañas por venir de un futbolista que hace poco más de un mes era tan argentino como Diego Armando Maradona. Ayer volví a ver la media docena de goles conseguidos por el conjunto argentino en una excelente lección de fútbol, ofrecida frente a un rival como Serbia y Montenegro, que en este juego del balón hace tiempo que aprobó el bachillerato elemental. Igual que Ucrania, la mejor potencia futbolística de aquel conglomerado de repúblicas soviéticas. Argentina, por su acreditado poderío futbolístico, y España, porque el 4-0 le llevó a transformar en euforia el buen ánimo con el que partió hacia Alemania, hace que se hable de una final antes de comenzar los octavos.