Con Wembley en la memoria

Rubén Ventureira REDACCIÓN

DEPORTES

Reportaje | Cuenta atrás para la final de la «Champions» Catorce años después de su victoria en la capital inglesa frente a la Sampdoria, el Barcelona apela al espíritu del «Dream Team» para superar al Arsenal en París

14 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Wembley es la contraseña del éxito. Un nombre que abre la puerta al único buen recuerdo que una final de la Copa de Europa ha proporcionado al Barça. El Dream Team de Cruyff triunfó el 20 de mayo de 1992 en Londres frente a la Sampdoria de Vujadin («fútbol es fútbol») Boskov. Catorce años después, es precisamente un club de la ciudad donde se levantaba Wembley lo único que separa al equipo culé de corroborar en el césped lo que toda Europa tiene en mente: que el Barça es, de largo, la mejor escuadra del continente. Será el miércoles, en el Stade de France, el escenario en que Zinadine Zidane se consagró en la Copa del Mundo de 1998 como el mejor futbolista del planeta. Ocho años después, esta vitola la porta el icono culé, Ronaldinho. El Barça llega a París como favorito. Peligro: lo ha sido en las cuatro finales de la Copa de Europa que disputó, y sólo en una de esas ocasiones levantó la orejuda . Sufrió primero la llamada final de los palos : librada en Berna del 31 de mayo de 1961 frente al Benfica del gran Eusebio, los catalanes estrellaron cuatro balones en las maderas y acabaron perdiendo por 3-2. El coruñés Luis Suárez y Kubala padecieron aquella decepción. Tras aquel partido, las normas internacionales prohibieron los postes cuadrados. De Duckadam a Lehmann Recibió otro palo el 7 de mayo de 1986 en Sevilla frente al Steauau de Bucarest. Fue la final de los penaltis. El partido y la prórroga acabaron como empezaron: 0-0. Desde los once metros erraron todos los lanzadores blaugranas: Alexanco, Pedraza, Pichi Alonso y Marcos. El héroe de la tanda de penas máximas fue el portero rival, Duckadam, cuya mención produce en el barcelonismo el efecto contrario a la palabra Wembley. El tal Duckadam, que entonces tenía 26 años, jugó aquel día su último partido. Poco después sufrió una trombosis que le obligó a dejar el fútbol. Otro portero, Lehmann, se cruza ahora en el camino culé. El meta del Arsenal, un equipo que jugará por primera vez la final del torneo más prestigioso, lleva diez partidos de Champions sin encajar un gol. El alemán, quien será el cancerbero titular de la selección alemana en el Mundial en detrimento de Kahn, lleva 745 minutos imbatido en la Liga de Campeones, con lo que ha conseguido batir la marca que poseía el holandés Edwin Van der Sar (658 minutos). La tercera final fue la de Wembley, que legó a la historia una frase («salid y disfrutad», les dijo Cruyff en los vestuarios) y un gol (el de Koeman de golpe franco en el minuto 111). Dos años más tarde, un Barça «crecidito» (que diría Mourinho) se plantó en Atenas con el convencimiento de que tumbaría al Milan en la final: un 4-0 castigó su soberbia. En aquel encuentro, murió el Dream Team , que ahora ha resucitado. Tiene el mismo ADN el Barca actual. El jogo bonito de Ronaldinho (que podría conseguir un título que no tiene Ronaldo), la combinación de juego sucio y Art Déco de Deco, el juego impetuoso del capitán Puyol, el juego atlético de la gacela Eto'o... Este Barça tiene lo que Montero Glez bautizó como «sed de champán». Tiene hambre porque sólo Deco ha izado la orejuda. Dicen los madridistas que el Barça tiene dos copas de europa: la primera y la última. En París querrá acallar el chiste.